martes, 10 de julio de 2007

El desplazamiento. Tercera parte

El vuelo de Seattle a Pullman fue como un encontronazo con la América profunda. Salimos de un avión super-plin, con una tripulación de película – tanto ellas como ellos, sí chicas, había dos azafatos que… - con las pelis, la video consola y to’ la pesca, y nos metemos en un microbús con alas. La azafata era una chica de unos cuarenta y… entradita en carnes, que vestía polo rojo de algodón, pantalón corto negro por encima de la rodilla y zapatillas de deporte blancas. De pelo rubio pero bastante mal recogido en una coleta, derrochaba simpatía por todas partes. Y los compañeros de viaje – aunque suene a tópico – parecían sacados de un episodio de Los Simpson, allí se conocía todo el mundo y mantenían conversaciones a distancia. Pero el momento culminante fue cuando una vez repartido el aperitivo, la azafata hace una segunda pasada rellenando las cervezas. ¡Sí señor, ole ahí Horzon Air!... No sabéis lo bien que me vinieron las cañitas para relajar la tensión de lo del pasaporte.
Pues eso, bastante más relajados, comentando las jugadas, haciendo fotos y tomando cervecitas, llegamos a Pullman. Como nuevamente salimos con retraso imaginamos que igual había dado tiempo de llegar a nuestras maletas. ¡Anda ya! ¿Cómo iban a llegar las maletas con nosotros? Además, a este viaje le faltaba una guinda y esa debía ser la desaparición de las maletas. De haber seguido el consejo de Leo – el de llevar una muda en el equipaje de mano – habríamos necesitado otra más para llevar ropa limpia todos los días, porque las maletas no llegaron hasta el día siguiente por la noche noche.
Por suerte a C el americano se le ocurrió traernos unas sábanas – nosotros llevábamos pero estaban en las maletas –
Bueno, llegamos a las 18h40’ hora local, pero para nosotros, que nos habíamos levantado a las 6h30’ de París, eran las 3h40’ de la madrugada, aunque con un sol…
C el americano se encargó del apoyo idiomático en la reclamación de las maletas, nos acompañó a comprar algunas cositas de primera necesidad y por fin conocimos a O, la señora de C. Compartimos una muy agradable cena en La Sangría y sobre las 23h00’ nos dejaron en casa.
El apartamento había estado completamente cerrado, y de cascarle el sol – según comentaban estaban sufriendo una ola de calor – estaba como un horno. Sin embargo en la calle hacía casi frío. Sobre las 23h30’ (8h30’ del día siguiente en España) nos fuimos a dormir, pero como la temperatura estaba muy elevada, no podíamos conciliar el sueño. Las ventanas por supuesto estaban abiertas, pero al estar todas en la misma fachada no se producen corrientes.
De madrugada, cansado de dar vueltas y echando de menos el ruido de los motores de los aviones, recordé los extractores de la cocina y el baño, los puse a funcionar y de esa manera conseguimos una corriente de aire que pronto refrescó el apartamento.
Buenas noches.

1 comentario:

  1. Oye Juan, respecto a la pérdida de cabello cada vez que te lo cortes hay una solución, y adem,as la tienes "cerca", vaya en algún lugar de USA.En cualquier finde dais un saltillo y os acercais a una empresa más o menos familiar donde te hacen prendas de ropa con los pelos que guardes. Está enfocado para el pelo de las queridas "hijas mascota" pero, qué más da,tu te encargas por ejemplo un pasamontañas y vas con tu mata de pelo hecho un primor. Como sabeis estuvimos en ALM, hizo un tiempo muy bueno,del mar no te apetecía salirse (bueno a Fernando no le apetecía entrarse),la temperatura era divina y las cañitas.....no quiero daros envidia.El viernes , que fue el último día que estuvimos allí fuimos a tu restaurante favorito, Juan, al argentino. !Que disfrute! Todo buenisísimo, una atención divina y eso si, una música estridente. A ver, no se puede ser perfecto. Lo pasamos reálmente bién. Ahora estamos aquí en Linares con amenaza de olilla de calor !la ilusión de mi vida! Bueno guapos, voy a intentar acostarme, si los gatos me dejan sitio.Un beso de LMQPAC .A ver si sois capaces de adivinar estas siglas.

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