En la agenda
Así reza en el moleskine:
21/08/07
Matías se ha ido, he devuelto el coche, esto se ha llenado de gente, el tiempo ha cambiado... dos días lloviendo, hoy nublado. Sé que cuando volvamos a Almería será muy distinto, pero esto claramente parece el fin del verano. ¿Recordáis la canción de Danza Invisible? empezaba diciendo: el fin del verano siempre es triste...
Realmente era el fin del verano para ellos. El veinte de agosto comienza el curso escolar y y los estudiantes habían convertido el tranquilo y apaciguado pueblo del noroeste americano en una bulliciosa y multitudinaria ciudad universitaria. De repente se volvió complicado usar uno de los ordenadores que tanto me ayudaron a estar en comunicación con vosotros. Bendito hallazgo el de Ka en la biblioteca de la escuela de agronomía. Ocho o diez “pe-ces” con su fantástica y adorada por mí, conexión a la “red”. Aquello me dio bastante tranquilidad y sobre todo, me permitió un ambiente recogido y sosegado que propiciaba la redacción, no siempre fácil en la ahora tan popular Holland and Terrell Libraries. Se llama así porque son dos bibliotecas juntas. Holland se abrió en los '50 y Terrell justo al ladito en los '90, de hecho, los edificios están comunicados.
Pero aunque el ambiente era algo triste por lo que os decía al principio, tampoco había posibilidad de meditar ni un poquito... por primera vez en mi tiempo en Pullman empecé a apuntar las cosas en la agenda – las cosas que debía hacer -. Sí, verás, la agenda y el moleskine están totalmente enfrentados, en el moleskine cuento lo que ya he vivido, mientras en la agenda anoto lo que voy a vivir. Son como el cuaderno del pasado y el cuaderno del futuro...
Correo a Shana asunto PDA.
Transporte Newark – hotel y hotel JFK, shuttle.
Llegada a NY 21:49 h local. Avisar al hotel.
Llegada a Almería 17:35. Correo a Cat a ver si puede recogernos.
Hablar con Dr T asunto concierto y clase.
Correo a MA asunto detalles concierto en Granada.
Pagar la multa de aparcamiento.
Cena con C el americano y O, la señora de C el americano.
Llamar a un taxi para ir al aeropuerto. 509 334-2800
Metropolitan Opera House. No hay entradas.
Entradas musical NY. Rey león?
Ensayo 3:10 Kimbrough hall B48
Miércoles. Clase de trompeta. Entrega de enseres de camping.
Shana estaba enferma. ¿Recordáis a poco de llegar? En la primera cena con Dr T y M su señora, les acompañó H, amiga de ellos. H llevaba una PDA que me mostró y me dió una tarjeta de visita – la de Shana – para que me pasara por la tienda. Cuando pasé por la tienda fue tremendamente amable – como todo el mundo en Pullman – y me ofreció el artefacto con unas condiciones fantásticas, según pude entender, por el hecho de ser amigo de H. Pero no tenían en ese momento disponibles, de manera que lo pidieron y la cosa se alargó bastante por no sé qué problema con la fábrica.
A la vuelta de nuestro descubrimiento de América, volví a la tienda. Shana seguía enferma – espero que se recuperase – y allí había dos chicas bastante más ordenadas pero que hablaban como metralletas. El aparato seguía sin llegar y el establecimiento se encontraba en lo alto de una colina, dos colinas más allá de la colina en cuyas alturas vivíamos nosotros. Mira guapa,
te doy mi correo y me avisas cuando llegue, ¿vale?.
Y así fue. Dos días después, en la Holland and Terrell, abro un correo de la compañera de Shana que me dice que ya puedo pasar a recoger la máquina.
A estas alturas ya parece que yo hablase inglés por los codos, pero no. Y con estas mujeres especialmente... Además, el asunto era bastante delicadito:
La oferta de la empresa telefónica tenía dos precios, uno por la venta del cacharro a secas – bastante elevado, por cierto – y otro algo más económico que llevaba vinculada la firma de un contrato por dos años. Como podéis imaginar, a nosotros – que ya habíamos consumido un mes y medio de nuestros dos meses en USA – no nos interesaba firmar ningún contrato de fidelidad a una empresa americana que en Europa ni siquiera existe. Shana sabía esto y nos ofreció la opción “amigos de H” – según entendí – es decir: el precio económico sin firma de contrato. ¡Chaaaaaaaaaaachi! ¿verdad?
¡Pero Shana estaba enferma!
Si ya era difícil para mí hablar de teléfonos celulares – con todo el vocabulario específico que no tengo – más aún, intentar adivinar si aquellas chicas aceptarían el trato entre Shana y yo, sin meterla en un lío. Había que ser muy sutil... ¿Cómo se puede ser sutil en inglés?
Al final, decidí usar como defensa de Shana mi poco dominio del inglés, si las cosas se ponían chungas y la conversación, de sutil se volvía ininteligible para mí.
Así que con el plan a medio trazar y sin el dominio necesario del idioma me subo en Ruperta y pedaleo colina abajo, colina arriba, colina abajo y finalmente colina arriba.
No, no, sí, el tiempo se había despejado y volvía a hacer calor – durante el día, por la noche hasta 6ºC – de manera que a la tienda llegué un poco... digamos... acalorado.
La tienda era tipo despacho. Había dos mesas que a un lado tenían sillas para clientes a al otro estaban las dependientas. Una zona parra esperar, algunos expositores... Cuando llegué ambas estaban ocupadas. Yo quería hablar con la más gordita – la otra también era gordita pero hablaba muy rápido y no la entendía -. Se quedaron libres a la par y me dirigí a la más gordita...
Siéntate por favor
Gracias
-
Vienes por lo del HTC ¿verdad?
Sí. A ver cómo le planteo el tema – pienso -.
En ese momento entra otro cliente y se sienta en la mesa de al lado, a metro y medio de mí. Él saluda y todos saludamos. Lo miro y es... ¡tachán! ¡el sheriff!. Un señor de uniforme, con cara amable, de complexión fuerte o fortíssimo que podía medir dos cuarenta.
¡Otia, qué chulo, el sheriff! - pienso – y aún sorprendido por su presencia vuelvo a mirarlo. El gesto fue como mi mentalización, sutil, realmente sutil, pero debió notar que lo miraba porque agitó rápidamente su cabeza hacia mí, dos veces. - ¿Qué pasa? ¡qué mosqueo! - Así que empiezo a pensar que no había sido tan sutil. No llevo el pasaporte ¿y la cougard card? - es la tarjeta identificativa que me define como miembro de la comunidad universitaria – sí, sí la llevo. Miro de reojo, esta vez sin mover siquiera la cabeza y vuelve a hacer el gesto – ya verás, que me voy a meter en un follón – Mientras tanto, la empleada mostrándome las cosas que van dentro de la caja del invento... El sheriff le hace un comentario que no entiendo y siento que todos me miran y se ríen. En la desesperación del momento recordé el consejo de I, la señora de nuestro luz blanca Leo, que decía: “cuando no entiendas algo haz como Leo, sonríe y asiente con la cabeza”. Y eso hice, aprovechando para mirar cara a cara al aguerrido sheriff, que su octavo o noveno sentido – o ambos a la vez – percibieran que no tenía miedo. Y volvió a hacer el gesto... ¡Leeeeeeche, que es un tic! ¡el sheriff de Pullman tiene un tic! One, no te rías, por lo que más quieras no te rías – pensaba -.
La situación era bastante surrealista. Por un lado el sheriff con su tic explicando a la menos gordita que su manos libres bluetooth – que dicho sea de paso un montón de pullmanianos llevan puesto todo el día aunque no hablen – no funciona; y por otro yo, todavía algo sudoroso de la última colina hacia arriba, insistiendo en que no hablo bien inglés – porque no hablo bien inglés – y para que si hay algún problema con el precio, Shana pueda echarle la culpa a mi falta de entendimiento.
Pues además del manos libres bluetooth colgado de la oreja, parece que el sheriff también llevaba una antenita desplegada para captar mi conversación con la gordita, porque cuando se marchó me deseó una feliz estancia antes de mi vuelta a Europa.
¿Y qué pasó con lo del precio?
La gordita me preguntó:
¿Qué precio te dijo Shana?
El barato
¿Con contrato?
No, libre
OK ¿tarjeta o metálico?
Tarjeta.
Gracias
De nada, gracias a tí, que tengas un buen día.
Bueno, por hoy es suficiente.
Añoramos vuestros comentarios.
Besos y abrazos