viernes, 26 de octubre de 2007

En la agenda

Así reza en el moleskine:

21/08/07

Matías se ha ido, he devuelto el coche, esto se ha llenado de gente, el tiempo ha cambiado... dos días lloviendo, hoy nublado. Sé que cuando volvamos a Almería será muy distinto, pero esto claramente parece el fin del verano. ¿Recordáis la canción de Danza Invisible? empezaba diciendo: el fin del verano siempre es triste...



Realmente era el fin del verano para ellos. El veinte de agosto comienza el curso escolar y y los estudiantes habían convertido el tranquilo y apaciguado pueblo del noroeste americano en una bulliciosa y multitudinaria ciudad universitaria. De repente se volvió complicado usar uno de los ordenadores que tanto me ayudaron a estar en comunicación con vosotros. Bendito hallazgo el de Ka en la biblioteca de la escuela de agronomía. Ocho o diez “pe-ces” con su fantástica y adorada por mí, conexión a la “red”. Aquello me dio bastante tranquilidad y sobre todo, me permitió un ambiente recogido y sosegado que propiciaba la redacción, no siempre fácil en la ahora tan popular Holland and Terrell Libraries. Se llama así porque son dos bibliotecas juntas. Holland se abrió en los '50 y Terrell justo al ladito en los '90, de hecho, los edificios están comunicados.


Pero aunque el ambiente era algo triste por lo que os decía al principio, tampoco había posibilidad de meditar ni un poquito... por primera vez en mi tiempo en Pullman empecé a apuntar las cosas en la agenda – las cosas que debía hacer -. Sí, verás, la agenda y el moleskine están totalmente enfrentados, en el moleskine cuento lo que ya he vivido, mientras en la agenda anoto lo que voy a vivir. Son como el cuaderno del pasado y el cuaderno del futuro...

Correo a Shana asunto PDA.

Transporte Newark – hotel y hotel JFK, shuttle.

Llegada a NY 21:49 h local. Avisar al hotel.

Llegada a Almería 17:35. Correo a Cat a ver si puede recogernos.

Hablar con Dr T asunto concierto y clase.

Correo a MA asunto detalles concierto en Granada.

Pagar la multa de aparcamiento.

Cena con C el americano y O, la señora de C el americano.

Llamar a un taxi para ir al aeropuerto. 509 334-2800

Metropolitan Opera House. No hay entradas.

Entradas musical NY. Rey león?

Ensayo 3:10 Kimbrough hall B48

Miércoles. Clase de trompeta. Entrega de enseres de camping.



Shana estaba enferma. ¿Recordáis a poco de llegar? En la primera cena con Dr T y M su señora, les acompañó H, amiga de ellos. H llevaba una PDA que me mostró y me dió una tarjeta de visita – la de Shana – para que me pasara por la tienda. Cuando pasé por la tienda fue tremendamente amable – como todo el mundo en Pullman – y me ofreció el artefacto con unas condiciones fantásticas, según pude entender, por el hecho de ser amigo de H. Pero no tenían en ese momento disponibles, de manera que lo pidieron y la cosa se alargó bastante por no sé qué problema con la fábrica.


A la vuelta de nuestro descubrimiento de América, volví a la tienda. Shana seguía enferma – espero que se recuperase – y allí había dos chicas bastante más ordenadas pero que hablaban como metralletas. El aparato seguía sin llegar y el establecimiento se encontraba en lo alto de una colina, dos colinas más allá de la colina en cuyas alturas vivíamos nosotros. Mira guapa,

te doy mi correo y me avisas cuando llegue, ¿vale?.


Y así fue. Dos días después, en la Holland and Terrell, abro un correo de la compañera de Shana que me dice que ya puedo pasar a recoger la máquina.


A estas alturas ya parece que yo hablase inglés por los codos, pero no. Y con estas mujeres especialmente... Además, el asunto era bastante delicadito:


La oferta de la empresa telefónica tenía dos precios, uno por la venta del cacharro a secas – bastante elevado, por cierto – y otro algo más económico que llevaba vinculada la firma de un contrato por dos años. Como podéis imaginar, a nosotros – que ya habíamos consumido un mes y medio de nuestros dos meses en USA – no nos interesaba firmar ningún contrato de fidelidad a una empresa americana que en Europa ni siquiera existe. Shana sabía esto y nos ofreció la opción “amigos de H” – según entendí – es decir: el precio económico sin firma de contrato. ¡Chaaaaaaaaaaachi! ¿verdad?

¡Pero Shana estaba enferma!


Si ya era difícil para mí hablar de teléfonos celulares – con todo el vocabulario específico que no tengo – más aún, intentar adivinar si aquellas chicas aceptarían el trato entre Shana y yo, sin meterla en un lío. Había que ser muy sutil... ¿Cómo se puede ser sutil en inglés?

Al final, decidí usar como defensa de Shana mi poco dominio del inglés, si las cosas se ponían chungas y la conversación, de sutil se volvía ininteligible para mí.


Así que con el plan a medio trazar y sin el dominio necesario del idioma me subo en Ruperta y pedaleo colina abajo, colina arriba, colina abajo y finalmente colina arriba.

No, no, sí, el tiempo se había despejado y volvía a hacer calor – durante el día, por la noche hasta 6ºC – de manera que a la tienda llegué un poco... digamos... acalorado.


La tienda era tipo despacho. Había dos mesas que a un lado tenían sillas para clientes a al otro estaban las dependientas. Una zona parra esperar, algunos expositores... Cuando llegué ambas estaban ocupadas. Yo quería hablar con la más gordita – la otra también era gordita pero hablaba muy rápido y no la entendía -. Se quedaron libres a la par y me dirigí a la más gordita...

  • Siéntate por favor

  • Gracias

  • Vienes por lo del HTC ¿verdad?

  • Sí. A ver cómo le planteo el tema – pienso -.


En ese momento entra otro cliente y se sienta en la mesa de al lado, a metro y medio de mí. Él saluda y todos saludamos. Lo miro y es... ¡tachán! ¡el sheriff!. Un señor de uniforme, con cara amable, de complexión fuerte o fortíssimo que podía medir dos cuarenta.



¡Otia, qué chulo, el sheriff! - pienso – y aún sorprendido por su presencia vuelvo a mirarlo. El gesto fue como mi mentalización, sutil, realmente sutil, pero debió notar que lo miraba porque agitó rápidamente su cabeza hacia mí, dos veces. - ¿Qué pasa? ¡qué mosqueo! - Así que empiezo a pensar que no había sido tan sutil. No llevo el pasaporte ¿y la cougard card? - es la tarjeta identificativa que me define como miembro de la comunidad universitaria – sí, sí la llevo. Miro de reojo, esta vez sin mover siquiera la cabeza y vuelve a hacer el gesto – ya verás, que me voy a meter en un follón – Mientras tanto, la empleada mostrándome las cosas que van dentro de la caja del invento... El sheriff le hace un comentario que no entiendo y siento que todos me miran y se ríen. En la desesperación del momento recordé el consejo de I, la señora de nuestro luz blanca Leo, que decía: “cuando no entiendas algo haz como Leo, sonríe y asiente con la cabeza”. Y eso hice, aprovechando para mirar cara a cara al aguerrido sheriff, que su octavo o noveno sentido – o ambos a la vez – percibieran que no tenía miedo. Y volvió a hacer el gesto... ¡Leeeeeeche, que es un tic! ¡el sheriff de Pullman tiene un tic! One, no te rías, por lo que más quieras no te rías – pensaba -.


La situación era bastante surrealista. Por un lado el sheriff con su tic explicando a la menos gordita que su manos libres bluetooth – que dicho sea de paso un montón de pullmanianos llevan puesto todo el día aunque no hablen – no funciona; y por otro yo, todavía algo sudoroso de la última colina hacia arriba, insistiendo en que no hablo bien inglés – porque no hablo bien inglés – y para que si hay algún problema con el precio, Shana pueda echarle la culpa a mi falta de entendimiento.


Pues además del manos libres bluetooth colgado de la oreja, parece que el sheriff también llevaba una antenita desplegada para captar mi conversación con la gordita, porque cuando se marchó me deseó una feliz estancia antes de mi vuelta a Europa.


¿Y qué pasó con lo del precio?

La gordita me preguntó:

  • ¿Qué precio te dijo Shana?

  • El barato

  • ¿Con contrato?

  • No, libre

  • OK ¿tarjeta o metálico?

  • Tarjeta.

  • Gracias

  • De nada, gracias a tí, que tengas un buen día.


Bueno, por hoy es suficiente.


Añoramos vuestros comentarios.


Besos y abrazos

martes, 23 de octubre de 2007

Soñando despertar en un sueño

No parece que sea fácil salir de Pullman.

Buena parte de aquel domingo la pasamos buscando la mejor combinación para la vuelta del abuelo a Seattle, donde tomaría el vuelo de retorno a España.



Ka estaba trabajando. Por toda la flexibilidad horaria que la universidad da a sus investigadores fruto de la confianza – al igual que el hecho de que les entreguen una copia de las llaves del edificio – en parte, es por ella que pudimos disfrutar de esas dos semanas de viaje.


Pues eso, mientras ella trabajaba nosotros nos fuimos al centro de visitantes, a la biblioteca municipal – donde también tienen conexión gratuita a Internet – a Rico’s para tomar una cerveza, y a Dissmores.


¿Fue aquella noche cuando cocinó el abuelo? No sé si fue aquella noche, pero nos preparó una pasta con una salsa deliciosa.


A todo esto, Ka seguía con la alergia. Parecía que podía ser la soja, de manera que empezó a intentar evitar todo lo que llevara soja o derivados de ella: pan de molde, pan de perritos, algunos pasteles, cualquier frito – si comíamos fuera – y una crema corporal que multiplicaba la urticaria. Luego le regaló la crema a M, la esposa del Dr T. Tranquilos, creo que ya se encuentra bien.


El tiempo había cambiado, llovía bastante seguido y en ocasiones con fuerza.


Cuando nos levantamos al día siguiente, el abuelo y yo teníamos como primer propósito hallar la solución más viable para su marcha. Efectivamente, el día anterior no habíamos conseguido dilucidar la mejor solución. Después de darle muchas vueltas, entendimos que lo más funcional – y no necesariamente lo más caro – sería alquilar un coche en el aeropuerto de Pullman para dejarlo abandonado en el de Seattle, total, si no van a ir a buscarte a España…


Bromas aparte... Era pronto y pasamos por la escuela de música – destino obligado para presentar salutaciones a los colegas, espero que haya más oportunidades en el futuro –. Gobo quería conocerla - la escuela - y yo debía ponerme las pilas con la trompeta, pues el 28 tenía un concierto con el quinteto de la WSU, y el 8 de septiembre – sin mucho tiempo para ensayos y con cuatro días en Nueva York en medio – otro concierto con mi grupo, el Quinteto de Metales Reiche. Para más inri, llevaba dos semanas sin soplar una nota...


Y las casualidades... Dr T terminaba una clase y lo encontramos, le presenté a Gobo y nos fuimos a tomar un café con él y S – la cantante que parece una persona normal -. También visitamos al director de la escuela, que no tardó en proponer relaciones institucionales. Y se nos fue un poco el santo al cielo.


Bueno Gobo, vamos a recoger tu coche al aeropuerto, que después hay que ir a Moscow a devolver el Jeep


...Y se nos fue el santo al cielo. Cuando llegamos a Moscow habían cerrado Ambassador Auto... ¡Jo, vaya caca, volveré mañana, qué le vamos a hacer!

jueves, 11 de octubre de 2007

Decimocuarto día.

Hoy recoge Ka el testigo del madrugón que cada día asumía uno de nosotros. La noche fue lluviosa pero el viento amainó – creo, la verdad es que una vez dormido me enteré de poco - aunque es cierto que el abuelo comentó algo de que la tienda se le venía encima. Sí que fue agradable la temperatura, la cual permitía dormir a medio tapar, sin sensación de frío ni de calor. Y Ka se levantó a las siete con un ataque de responsabilidad para con la administración americana por no haber cumplido la noche anterior con nuestras obligaciones pecuniarias.
La luz del día nos dio una perspectiva muy distinta de nuestra parcela. Era la más grande del camping. Tenía espacio para dos caravanas al frente y al menos cinco tiendas detrás… ¡de Linares, chichipún!. Efectivamente colocar las tiendas en la parte de atrás nos habría ahorrado el esfuerzo de las piquetas, pero llegar a tiempo para con luz natural examinar el camping habría supuesto la renuncia al Old Faithfull.
De los entre doce y dieciocho dólares que se suelen pagar en los campings como éste, saltamos a treinta y cinco – porque teníamos la mejor parcela -.
Y al despertar, Ka nos había preparado el desayuno, aunque el tiempo no estaba con nosotros. Comenzó a chispear - nada serio – ya habéis visto el tamaño de las muffins… si una magdalena española es capaz de absorber un café, a una muffin le cabe un galón de café, leche o cualquier otro líquido, entre los que por supuesto entra el agua de lluvia. Puede que fuera por las muffins precisamente que llovió, quizá actuaron como imán de lluvia debido a su capacidad absorbente, de hecho, cuando cerramos la caja, misteriosamente dejó de llover, se abrió el cielo y no volvimos a ver una nube.

En la gasolinera decidimos tomar un café y allí fue donde conseguimos robar estas imágenes.



Fue terriblemente arriesgado, porque el aguerrido e inteligente sheriff – siempre ojo avizor – estuvo a punto de descubrirnos en dos ocasiones. Incluso en las fotos se advierte su entrenamiento diario para luchar contra todo tipo de peligros.

La guía dice que el Hells Canyon es el de mayor profundidad de todos los Estado Unidos, así que vamos a hacer un rodeo de un montonazo de millas en lugar de volver por el mismo sitio que vinimos, por una carretera que bordea el río Serpiente. Luego tomaremos una secundaria de la secundaria hasta la parte más alta.
Los límites de velocidad en USA están por debajo de los de Europa. Varía de un estado a otro, pero en ningún caso superan los ciento veinte kilómetros hora en autovía. La carreteras con un solo carril en cada sentido están limitadas entre cincuenta y sesenta millas hora, pero no es nada extraño encontrar largos tramos de cuarenta o cuarenta y cinco millas hora. Por supuesto, las carreteras de montaña, al margen de las limitaciones establecidas por la autoridad competente, no permiten grandes velocidades.
A lo que iba: que las distancias son mayores y las velocidades menores… otro día en coche.
Aunque ya estamos acostumbrados, los paisajes siguen siendo espectaculares y si bien es cierto que menos, Bocasecaman, el Demonio Doho y compañía siguen amenizando y ¿por qué no? Entreteniéndonos en nuestro viaje. Se acaba la autovía…
La espectacularidad de todo lo anterior hace que este cañón me haya decepcionado, podrían haberlo llamado “Deception Canyon”. La verdad es que esperaba algo tipo el cañón de Colorado, juzgad por vosotros mismos.


Sí, el sitio era realmente bonito, e hicimos una comida muy agradable allí…


Bueno, vayámonos para Pullman que todavía tenemos un buen tramo.


¿Se puede saber quién ha puesto una vaca en la carretera?




No nos vino nada mal que Ka se despertase aquella mañana con su ataque de responsabilidad…

Besos y abrazos.

En USA, ¡cuán raros son!

¿Recordáis las chinas con paraguas?

Decimotercer día.


¡Vaya lluvia que nos ha caído esta noche! ¡Y sigue lloviendo!.
Ya son las siete
- Ka, son las siete, despierta.
- No puedoooerroohaasd – casi no se le entiende lo que dice -.
- Bueno, yo me levanto.
- Gobo, son las siete
- Vale, vale, ya voy.
- OK, yo me voy a la ducha.

¡La leeeeche, aquí todo el mundo se levanta a las siete, están todas las duchas ocupadas y no deja de llegar gente al baño!
Cuando vuelvo ya duchado – esta gente no se levanta –
- ¡Vamos, que son las ocho menos cuarto!
Iré a ver el pronóstico del tiempo… ¡Maaadre mía, tres días de lluvia!

Recogimos el campamento, desayunamos en el sitio de las cenas y… ¡adelante, Yellowstone nos espera!

Cuando llegamos al Cañón Yellowstone seguía lloviendo, de manera que nos colocamos los chubasqueros y muy valientes salimos del coche. No hemos llegado aquí para que una tormenta cualquiera nos eche atrás. Pero aquella tenía el propósito de empaparnos y así lo hizo en tan sólo unos segundos. Decidimos entrar en el coche y esperar unos minutos – a ver si para -.


Paró, se abrió el cielo, y nos dispensó estas maravillosas vistas…



Y vimos al chino suicida…


Comimos junto a un río, como siempre, tarde, podría intentar describirlo pero una imagen…


Seguíamos sin ver a Yogui ni a Bubu – finalmente nos confesaron que están jubilados – pero sí que pudimos hablar con algún/a guardabosques de la época que aún sigue en activo.



Y bisontes…


La carretera transcurría por la orilla del lago Yellowstone. No teníamos intención de hacerle mucho caso porque el Ranger Power nos dijo que visto un lago, vistos todos. Pero para un almeriense por méritos propios y dos de adopción, tanta agua junta entre montañas no pasa desapercibida.


Y llegamos con luz natural al Old Faithfull, que vomitó ante nosotros para satisfacción no sólo nuestra sino de los cientos de presentes que aguardábamos el espectáculo. No sé cuantos mil litros y hasta cien metros de altura cada aproximadamente hora y media. Es como una cafetera que se llena siempre con el mismo caudal, se calienta y escupe disciplinadamente desde hace años y años. A propósito, el olor es muy intenso, a azufre, es decir, como a pedo. Aunque no sé qué es peor si el olor de los jerséises o el de algún baño públco…


A Ka le entró un deseo irremediable de recorrer el recinto para visitar todos los amiguitos del “viejo fiel” y salió pitando. Cuando el abuelo y yo nos dimos cuenta, nos llevaba media milla de ventaja… y anocheció.


Así es, efectivamente, nuestra intención era – y seguía siendo – dormir junto al Snake River, cerca de las American Falls – creo recordar, porfa Sprocket y Gobo, echadme una mano – y el lugar quedaba a un montón de millas – lo siento , no recuerdo el nombre exacto y no puedo concretar más -. Compramos hamburguesas “to go” en West Yellowstone y pusimos tierra de por medio. Wyoming, Montana, Idaho… el abuelo y yo nos quedamos fritos y despertamos cuando Ka paró para cenar 60 o 70 millas antes de nuestro destino, en el estado de Idaho.

A las dos y pico arribamos al camping. Com era de esperar, nadie nos esperaba, así que dimos una vuelta y en la parcela más grande que vimos, allí acampamos – la sangre linarense, que aflora cuando menos lo esperas – además sin pagar, “ni ná, ni ná”

Hacía algo de viento.
El abuelo se tomó muy en serio lo de clavar la tienda al casi asfáltico terreno. Yo no tanto, las dos y pico de la mañana y total, no iban a quedar solas – las montábamos para dormir y al despertar continuar el viaje – Mientras los machotes empuñábamos palos y piedras contra en férreo suelo, Ka distribuía los enseres personales por las tiendas. No sé si adrede o por error, pero metió las cosas del abuelo Gobo en la tienda que yo había montado, y las nuestras en la él atornilló a la roca madre…

Buenas noches

Besos y abrazos

En USA, ¡cuán raros son!

Vean señoras y señores a este intrépido excursionista rebosante de orgullo patrio por el campo.


Y aquí tenemos al director de cine más bajito del mundo grabando a su esposa con su bebé...


Ciertamente USA es un país de contrastes...

jueves, 4 de octubre de 2007

Decimosegundo día.



Haciendo un gran esfuerzo por conseguir enmendar la fama que por allí ya comenzábamos a tener, decidimos levantarnos a las siete de la mañana y empezar con buen pie el circuito norte. En mi cabeza todavía recordaba las palabras del Ranger Power “tenéis que levantaros muyyyyy temprano”.
Demasiado complicado. En fin, ¡qué le vamos a hacer!

Cuando conseguimos salir del camping nos fuimos a los “jerséises caca”. Probablemente estábamos inmunizados por la vista del día anterior, de manera que estos nos parecieron eso, caca. No sabemos por qué el Ranger Power los incluyó en la ruta. Sin embargo el paisaje de árboles muertos, el mamut y la cascada de carbonatos con agua hirviendo, estaban muy a la altura de lo que tanto nos impresionó aquellos días.


Y el árbol petrificado, que visto desde cerca, parece una montaña...


La comida… tarde, ya muertos de hambre. Íbamos pesaditos en todos los sentidos, por la comida, por lo que tardábamos en ponernos en marcha y por Bocasecaman, Demonio Doho, El Castor, el futuro de los niños, el conjuro para no ver osos, oráculo y cómo no, la famosa tonada de H de P.



Pero llegamos a ver bisontes vivos - no como los de West Yellowstone, de los de verdad – cientos…

Ojo, que esto es un video


Osos y lobos estaban escondidos, miedo escénico probablemente, pero bisontes…


Condujimos hacia el cañón Yellowstone quizá con la esperanza de que aquella tarde el sol no llegara a esconderse y siguiera abasteciéndonos no tanto de calor como de luz, para aprovechar las horas en las que aún estábamos activos.

No pudo ser, anocheció, volvimos al camping cenamos y a dormir.
Mañana sí que vamos a madrugar, y aprovechamos el día al completo.
- ¿A qué hora?
- A las siete
- El primero que se levante que despierte a los demás
- OK
- OK

Buenas noches

En el capítulo de agradecimientos…

… comenzaré con disculpas. Disculpas por la tardanza y por la falta de continuidad que vienen motivadas por lo apretado del calendario en las últimas dos semanas. Igualmente os quiero pedir disculpas a todos los que aún no hemos visto y a los que no estamos viendo todo lo que nos gustaría. Espero que pronto empiecen a normalizarse las cosas… aunque parece que eso no va a ser posible. A propósito, Sprocket es sólo un apodo, por favor, que nadie me acuse de peluche-zoofilia.
Gracias JR, me han encantado tus versos, en especial la cuaderna vía, quisiera pensar que es un homenaje no casual a mi tocayo el arcipreste.
Hijo del director, esperamos con ansia tu inspiración o tu no inspiración… en realidad esperamos tus comentarios tal y como tú sólo sabes hacerlos.
Gracias Titrinis por guardar el secreto.
Pepe, a ver si te vas animando y abres la veda del Paralelo 36º 50'
Tomkkk, la verdad es que tú siempre me has hecho reír, me alegra que ahora seas tú el que se ríe ¿de mí?.

En USA ¡cuán raros son!

Esta va dedicada a Tomkkk que en cierta ocasión me pidió documentación gráfica sobre armerías…

No se ve muy bien en la foto, pero la zona verde es a quiéne les pueden vender armas y abajo pone que en navidad no está permitido.
Esto es Wall-Mart. Como Carrefour o Alcampo en España. Y allí están, junto a las tiendas de campaña y los ventiladores.
Y la de abajo, es una tienda de regalos en West Yellowstone...


Besos y abrazos.