lunes, 17 de septiembre de 2007

Día decimoprimero.

Seguro que a estas alturas podéis adivinar que nos levantamos tarde…


Ahí está nuestro coche, con la rueda de repuesto.
Bueno, organicemos un poco la cuestión, vamos a anotar:
Cosas por hacer:
- Formalizar la estancia con la autoridad del camping.

- Arreglar el pinchazo.
- Buscar el centro de visitantes para organizar nuestro tiempo en Y
ellowstone.

Parece que eso es lo más urgente, ¡manos a la obra!.

Lo cierto es que esa mañana, el primero en levantarse fue el abuelo. Cuando salí de la tienda (de campaña, en inglés tent) me dijo que ya había visitado la pequeña tienda (de comprar, en inglés shop) del camping – donde había comprado batido – y se había informado de dónde podíamos arreglar el pinchazo. - En menudo berenjenal me he metido con la frasecita anterior, esp
ero que se en tienda. –
En fin, en recepción puro trámite, sin problemas. Pero cuando llegamos al pueblo, en el taller nos dicen que no pueden arreglarnos la rueda porque están muy liados. Tranquilos, nos mandaron a otro, aunque éste no arreglaba ruedas… ¿Creéis que a la tercera va la vencida?. Con la suerte que hemos tenido en algunas cosas, cualquiera podría pensar que no encontraría
mos taller alguno que nos permitiese ir preparados para un posible pinchazo. Y que en el lugar más apartado de la civilización, rodeados de búfalos, osos, coyotes y lobos tendríamos otro pinchazo, al anochecer, sin bebida – comida sí, una bolsa de cheetos, pero cheetos sin algo de bebida… se te puede quedar la boca como a “Bocasecaman” que tenía la boca como un catéterrrrrr – Ese día tuvimos suerte y el tercer taller se quedó con la rueda para recogerla unas horas después. ¿Y qué pinta Bocasecaman en todo esto? Exactamente lo mismo que “El Demonio Dojo” “Martes y trece” o el Castor. Son personajes que de repente aparecen en mitad de un viaje y ya te acompañan todo el rato. El denominador común es una broma sencilla - ¿o era simple? – que resulta graciosa las primeras cincuenta veces, pero que poco a poco vas notando cómo se ha apoderado de la mente de tus compañeros de viaje… y empieza a apoderarse de ti - ¡Nooo, noooo, sal de mí, sal de mí, piensa en Beethoven, piensa en Beethoven! – Aparecieron sin darnos cuenta, es cierto y no estoy seguro de haberme recuperado aún. Todavía algunas mañanas me levanto cantando “Hijo de P… hay que decirlo más…”



Como teníamos tiempo muerto por el tema de la ruedecita, aprovechamos para ir al centro de visitantes, donde nos atendió el “Ranger Power”. El Ranger Power tenía la misma pinta del guardabosques de Yoguy y Bubu, pero en lugar de ser un dibujo animado era una persona animada. Frente a nosotros, con un mostrador de por medio, nos contaba lo que debíamos hacer en las próximas 60 horas para llevarnos la mejor impresión posible del parque. En un mapa, con rotuladores fluorescentes, iba marcando los puntos de interés y escribiendo al revés para que nosotros pudiéramos leer mientras lo hacía, sin necesidad de darle la vuelta al papel. - Ka piensa que esta habilidad la puede haber desarrollado por alguna extraña enfermedad que contrajo de pequeño. – Según nos dijo, el mínimo para conocer el parque han de ser cuatro días “pero como vosotros no los tenéis, mañana deberéis levantaros muy muy temprano” - ¡Buenó, ya la hemos liao!.

Hicimos acopio de mapas gratuitos de distintos estados. Montana, Idaho, Wyoming, Oregon… para intentar no perdernos a la vuelta. Y todavía faltaba para que estuviera la r
ueda lista, de manera que nos dimos una vuelta por el pueblo – a propósito, se llama West Yellowstone -.
¿Recordáis que Seattle estaba lleno de cerdos?. Pues a W
est Yellowstone le pasa algo muy parecido aunque con búfalos.


Por fin en ruta y siguiendo las indicaciones del Ranger Power.



Ponemos rumbo hacia “Villa bacteria” – aunque tardamos un poco, porque nos íbamos parando en todas partes, para meter los pies en un río, para hacer fotos…


Aún recuerdo la primera vez que cogí una cámara. Era una Werlisa Club Color que había comprado mi madre para poder llevarnos algunos recuerdos impresos del viaje que hicimos a Mallorca, a pasar unos días con mis tíos los mallorquines. Encontré la cámara sobre una mesa, la agarré y le dije a mi hermana que se viniera conmigo al terrado – ella tenía seis años y yo diez-. No debí tardar más de veinte minutos en disparar todas las fotos que me permitió el finito carrete. Mirar a través de la ventanita era mágico y realmente me cautivó. Por otra parte, según Ka, debí contraer una enfermedad que me afectó al dedo índice de la mano derecha y desde entonces, cuando tengo una cámara entre las manos, no puedo parar de hacer fotos…




Esto es Hot Spring – creo recordar, la verdad es que algunas veces tengo memoria fugaz -. Es un sitio curioso, la cascada es de agua hirviendo y al desembocar se mezcla con agua a temperatura ambiente. El resultado es gustosillo, sobre 20ºC. En verano no es raro, pero debe ser curioso en invierno ver la nieve y poder meterse en el río sin chillar como locos.


Y estuvimos en el Grand Prismatic Spring…


A la desesperada pero sin prisa – vimos un precioso atardecer en “villa bacteria” - intentábamos cumplir los objetivos que el Ranger Power nos había marcado. Lo último para el primer día era el Old Faithfull. Old Faithfull es el más impresionante geiser del parque de Yellowstone. Cada aproximadamente hora y media escupe sobre 30.000 litros de agua hirviendo que alcanzan una altura de h
asta cien metros. Pero claro, os he dicho que el atardecer en villa bacteria fue precioso ¿verdad? Al Old Faithfull llegamos casi de noche y vimos bastante poco…



El puntito negro que se ve justo en la base del geiser es una persona, pero este no es el Old Faithfull.
Aunque mereció la pena por la excelente enchilada de bisonte y la cerveza Yellowstone que tomamos mientras esperábamos a que el jersey escupiese.



A la vuelta al pueblo, nos encontramos varios coyotes que parecían bastante tristes. Ka piensa que se puede deber a alguna enfermedad que contrajeron de pequeños. Paramos en el pueblo y nos tomamos una cervecita antes de volver al KOA.
El quince de agosto se han cumplido diez años desde que Ka y yo nos conocimos. ¿Te acuerdas Tomkkk?

A las dos de la madrugada nos vamos a dormir.

Buenas noches



En USA, ¡cuán raros son!

Pido disculpas al respetable por la falta de continuidad de nuestra aclamada sección y asumo toda la responsabilidad. Efectivamente el pueblo americano tiene infinitos recursos para seguir demostrando que a raros no les gana nadie y así lo refleja la actitud de este señor.
En las imágenes es más difícil captar la acción del momento pero para eso está vuestro tío Matt:


Resulta que la niña es un robot espía que localiza productos extranjeros y se los marca al señor patriota de la camisa discreta. Como podéis ver, está perfectamente camuflada con su carita angelical.

Para que dejen de meter productos importados en el país, el señor de la camisa a barras y estrellas que es un experto ex-ladrón de coches, se hace pipí dentro y deja una nota en el coche de su víctima avisando de que la próxima vez no serán aguas menores... En esta imágen se ve perfectamente...

Besos y abrazos

jueves, 13 de septiembre de 2007

Día décimo.


Nos volvemos a levantar tarde - ¡qué vergüenza! – aunque estábamos en marcha a las 10h15’ y tiramos sin descanso hasta la comida.

Al reanudar la marcha conduce Ka, con mucho pavo – íbamos todo el rato diciendo tonterías – pero nos sentíamos seguros en sus manos… hasta que se me ocurre preguntar:
- ¿Cómo vamos de gasolina?
- ¡Uy! Por la última línea.
- ¿Habéis visto alguna gasolinera?
- No, qué raro, ¿verdad?.
- ¡Pliiiiin! – dice el coche mientras se enciende la bombilla amarilla de la reserva -.


Antes de seguir contando esto, quizá debería comentar cómo planteamos la ruta:
Debíamos atravesar total o parcialmente cuatro estados – Washington, Idaho, Montana y Wyoming – pero sólo teníamos un mapa general de Estados Unidos – donde constan únicamente las carreteras principales – uno de Washington y otro de Idaho – este último más malo que la carne del pescuezo, vamos, que ahora que sé el camino te hago un croquis y vas mejor guiado -.
Todas las rutas las planteábamos en http://www.viamichelin.com/, las copiábamos y revisábamos con nuestros mapas para comprobar que fuera lo que buscábamos. Por supuesto con aquella hicimos lo propio y estaba correcta.

- ¡Pliiiiin! – dice el coche mientras se enciende la bombilla amarilla de la reserva -.
- Vamos a salir de la autovía, a ver si encontramos una gasolinera.
- ¡Ahí hay un desvío hacia Divide y dice que hay gasolinera a 10 millas!
- ¿Llegaremos con la reserva?
- Yo creo que sí…

Diez millas después encontramos un bar de carretera pero no la gasolinera. Decidimos preguntar:
Abuelo – Buenas, ¿puede decirnos cómo encontrar la gasolinera más cercana?
Camarero – A cuatro millas siguiendo el camino por el que venís. Tenéis que daros prisa porque cierra a las 19h30’ y ya son las 19h10’.

Olía a quemado y la atmósfera estaba como si de Londres se tratase. El sol tenía este aspecto


y los helicópteros no dejaban de pasar intentando extinguir tres grandes incendios en aquella zona


- ¡Vamos rápido pero no corras que gasta más!

Resulta bastante curioso, cómo se puede pasar en un instante de un estado de gran ansiedad producida por la incertidumbre, a un estado de completa tranquilidad, incluso de absoluta confianza, cuando hallas la solución. Y cómo la tranquilidad te puede devolver al punto de partida.

Efectivamente, llegamos a tiempo a la gasolinera. El galón andaba a tres y pico largo dólares… - ¡cómo se aprovechan! – Y medio cabreado por el abuso decidí poner sólo $15 aunque no controlé bien el viejo surtidor manual y finalmente fueron $16.
- Chavales, volvemos a la ruta y en la primera gasolinera llenamos el depósito. Con esto tenemos para cien millas.
Así que volvimos a la autovía y fuimos buscando una gasolinera. Cien millas más tarde:
- ¡Pliiiiin! – dice el coche mientras se enciende la bombilla amarilla de la reserva -.
La historia se repite.


En un inhóspito lugar con 35 habitantes encontramos la gasolinera donde llenamos el depósito que nos permitiría continuar con nuestro viaje. Por fin tranquilos… ¿o no?.
Como comenté, la ruta la hizo Ka y originariamente debía ir por la 191, pero el mapa, o mejor dicho, la falta de mapa y ese aire de superioridad de que hacemos gala los hombres cuando de interpretar un mapa se trata, nos llevaron por la 15 para acortar por el desvío de la 509, que debía conducirnos directamente a West Yellowstone.


Ver mapa más grande

¿He dicho que el mapa que llevábamos de Idaho era una caquita? Pues en realidad era una gran plasta de búfalo y otra de oso juntas.
La 509 resultó ser una pista forestal y al volante el “abuelo Sainz”. Con todos mis respetos: ¡La madre que lo parió! – discúlpeme señora, quiero un montón a su hijo pero conduce un pelito rápido -. La luz amarilla del ESP parecía la de una discoteca setentona en el cuadro del Jeep. Curva tras curva íbamos deslizándonos de un lado al otro del estrecho carril de tierra.


La casualidad de mis comentarios previos a lo que nos iba ocurriendo y el pavo imperante en nuestro micro mundo hizo que empezasen a llamarme “oráculo”. Por otra parte, ya no quería ni pensar, por temor a que aquello que se me pasaba por la cabeza se siguiera cumpliendo… ¡La curva, la curva! ¡Ala el coche para allá!... Mira que si se nos cruza un bisonte, o un oso, o una vaca… ¡Frena, frena, la vaca, la vaca!... ¿Y si aparece un espíritu y nos quiere arrebatar el alma?

¡Queeeeé miedo poooor favor! Y como sesenta millas – 100 km – de pista forestal. A mí me parecieron ciento veinte millas.
Cuando llegamos al asfalto dice el abuelo:
- Oye, este coche se va mucho, mira, mira, sin mover el volante se va de un lado al otro.
- ¿Estás seguro, no será por tu manera de conducir?
- ¡Que no tío, que no! Mira, mira, sin mover el volante.
- Igual hemos pinchado.
Lo cierto es que estábamos llegando al camping. Cuando paramos,después de besar la tierra firme efectivamente, pude comprobar que habíamos pinchado. La oficina del camping estaba cerrada aunque habían dejado una nota con lo necesario, a nuestro nombre. El vigilante no tardó en llegar y se ofreció gustoso a ayudarnos a cambiar la rueda y a acompañarnos a la parcela para acampar.


Cenamos en el sitio de las cenas ya con el hambre pasada unas horas y otra vez nos acostamos a hora española.


¡Qué frío hizo aquella noche!

Buenas noches
Besos y abrazos.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Día noveno.



Como no podía ser de otra manera, aquel día nos levantamos tarde…

Por fin he conseguido comprender el uso de los saludos en la cultura sajona: Good morning está bastante claro. La comida es sobre las 12 de la mañana, lo que ellos llaman “noon” – nosotros mediodía - así que después de comer ya puedes decir good afternoon. Y seguirá siendo afternoon hasta las 18 o las 19h – después de cenar – que se convierte en good evening. Good night es para dormir.

Pues aquel día batimos el récord y recién caídos de la cama, lo correcto habría sido emplear el good afternoon – salvo por el detalle de la comida -. Así que sin muchas más soluciones posibles, y ante la gran cantidad de tareas que quedaban por realizar en un especialmente corto día, decidimos brunchar. Brunchar viene de brunch, que es un desayuno que se hace tarde, bastante fuerte, para aguantar hasta la cena:
Breakfast + lunch = brunch.
Pusimos lavadoras y secadoras, fuimos a la biblio a ver vuestros mensajes y viajamos al Estado de Idaho – ya sabéis que nos queda bastante cerca – para el avituallamiento antes de la salida. Entre unas cosas y otras conseguimos dejar Winco a las 20h30’ y el abuelo iba que se comía todo con la mirada – con la mirada y con la boca, porque echó mano del chocolate de unos donuts que compramos y… vale, lo admito, yo también comí mientras hacíamos la compra -.

La cena con otra botella de vino en casa y a la cama a las 00h45’. ¡Otra vez nos acostamos tarde!… que sí, que aquí a las 22h00’ están todos los restaurantes cerrados. ¡Y mañana nos esperan una cantidad de millas!

En fin, un día de transición, es probable que el de mañana sea parecido: todo el día en carretera, no habrá mucho que contar.

Besos y abrazos.

martes, 11 de septiembre de 2007

Día octavo.

La llegada de Gobo ha cambiado algo que no sabemos muy bien qué es. Parece que volvemos a hacer vida a la española: hasta tarde de cháchara, levantandonos los últimos del camping... ha tenido las santas narices de traer dos botellas de vino español, y una de aceite de oliva virgen ¡exquisito! ¡Qué maravilla!


No muy temprano, nos vamos hacia Seattle y aparcamos junto a la Space Neadle. Entramos, echamos un vistazo a la tienda y subimos...


¡Vaya vistas!

Ka estaba mejor, parece que las pastillas estaban haciendo su efecto.
Pasamos un buen rato tomando cientos de fotos. Bajamos al restaurante giratorio. ¡Qué mareo! No teníamos reserva para comer, de manera que lo hicimos en un sitio cercano, de pescado, "Steamer's" y degustamos salmón y pescaditos fritos. La verdad es que tuvimos que comer por la calle, porque habíamos comprado billetes para subir en el Pato y dar una vuelta por Seattle.


Los patos son unos vehículos anfibios de los que utilizaban muchos ejercitos para los desembarcos, que te dan una vuelta por Seattle y luego te meten en un lago. Fue muy divertido y el Sr Pato, - el conductor - tenia mucha marcha...


Queríamos tomar un café y tras varios intentos fallidos, terminamos otra vez en Elliott Bay Book Co, la cafetería donde comimos ayer. Aunque esta vez paramos a echar un vistazo a los libros... y claro, cerraron la cafetería.


Algo de la comida había afectado a Ka, ahora si que no podía ser el queso.

En Occidental Square hicimos unas fotos y pusimos rumbo a Pullman


Iba siendo la hora de cenar, de manera que decidimos parar en un pueblo que nos pillaba de paso - gracias JR por la información - llamado Roslyn. Algunos de vosotros lo recordaréis con el nombre de Cicely, donde vivían Joel Fleischman, Maggie O'Connell... y compañía. Fue emocionantísimo porque aquello - en contra de lo que pensábamos - no esta nada explotado y fue bastante difícil encontrar las señas de identidad que aún se conservan


Siguiendo el camino descubrimos que Gobo no era él, sino un abuelo que se dormía mientras le hablaban y se le caía la babita.


Al llegar a Pullman nos pusimos a ver fotos - unas 1500 - y para pasarlas mejor, una botella de vino y cervezas. Nos acostamos a las 4h30'. Lo que yo te diga, vida española. ¡A ver quién es el bonico que se levanta mañana a las 8!

Besos y abrazos

lunes, 10 de septiembre de 2007

Aclimatación

Ya todos sabéis que volvimos hace unos días.
El viaje fue una más de nuestras... El viaje será uno más de los capítulos del blog.
Lo cierto es que quedan muchas aventuras por contar y las vamos a contar. Agradecemos los últimos comentarios a Gobo, a grossell y a tomkkk, y os pedimos disculpas por la falta de continuidad, también aceptamos las vuestras por la poca colaboración de las últimas semanas y esperamos que nos sigáis enriqueciendo con vuestros afilados comentarios, porque son la recompensa para seguir frente a la máquina de teclas... dándole que te pego...

Ya tengo varias publicaciones preparadas pero todavía no he deshecho la maleta y necesito encontrar algunas cosas que irán en ellas (en las publicaciones). Si el tiempo lo permite, voy a colgar un capítulo cada uno o dos días. Espero que satisfagan vuestra curiosidad.

Besos y abrazos

lunes, 3 de septiembre de 2007

Día séptimo.

¡Qué mala noche pasé! ¡Todo el tiempo con pesadillas! Se ve que la pizza no me sentó muy bien y lo pasé fatal, soñando con no sé qué de un Motel. Además se quedó la tele puesta... ¡Qué mala noche pasé!

¡Vámonos a Seattle!

Llegamos sobre las 9h30' y el centro estaba desierto para lo que debe ser una ciudad tan importante como Seattle. ¡Ah, casi se me pasa! ¡Hoy recogemos a Gobo!


La que tampoco parece haber pasado una noche buena es Ka. Presenta síntomas de alergia a algo que ha ingerido - ¡Vamos a llamar a Mapfre para que nos diga donde nos puede ver un médico!.¡Cachis en to, con la leche de los teléfonos públicos! ¡No hay manera, oye! ¡Y encima ha caducado la tarjeta! ¡Diez dólares a freír espárragos!

¿Y a que será debido? Una vez le pasó algo así y era por el mascarpone del tiramisú. Pero esta vez no hemos tomado mascarpone, ahora chedar... aquí todo lleva chedar.

- Bueno, vamos a aprovechar y nos damos una vuelta, si sólo me pica todo el cuerpo - dijo Ka - Así que visitamos los rascacielos; el mercado, que es todo un show con sus vendedores lanzadores de pescado, con el marisco gigante; y comimos en una librería cuyo edificio contiguo contiene el plató donde se rueda Fraisier

Seattle esta lleno de cerdos.

La verdad es que dicho así suena bastante duro. No me estoy metiendo con la cantidad de indigentes que tiene - que son un montón y a los que no le vendría mal una ducha - en realidad, os digo que esta llena de cerdos porque hay un montón de ellos como estos por las calles.



Salimos de Seattle para buscar el camping y que no nos pasase como alguna otra vez...Vasa Park Resort esta situado a la orilla de un lago. Había una fiesta y un montón de domingueros medio piripis. También había sitio, de manera que pagamos y nos fuimos en busca de una farmacia para comprar antihistamínicos y unas botellas de agua que ayudasen a pasar el trago de las pastillas - es que aquí las farmacias están en el súper, cuando la gente hace su lista de la compra pone: 8 libras de patatas, 3 libras de tomates, 5 onzas de paracetamol, 1 onza de valium...-
Y nos fuimos al aeropuerto.

Gobo llegaba a las 18h58' pero como no queríamos llegar tarde, no conocíamos el camino y habíamos vivido ya un atasco en Seattle decidimos ir para allá sobre las 15h15'. Pues creo que a las 15h30' ya estábamos en el aeropuerto. Con todo ese tiempo, lo recorrimos de arriba a abajo varias veces, nos enteramos de la puerta por donde tenia que salir Gobo, nos tomamos un café rico, con ayuda de una amable chica que había en la cafetería, nos sentamos a descansar y ver pasar la gente, un poli en bicicleta con un casco de bici muy gracioso, el pastor alemán que se va de viaje pero no le gusta el transportín...

Ka tenía la pierna izquierda algo cargada y me la puso sobre las rodillas para descansar - estábamos sentados uno junto al otro - y llega el poli de la bici y nos pregunta de donde somos.
- De Europa
- Ah! entonces todo está bien.
¡Que tío más ridículo! ¿Y si hubiéramos sido americanos? ¿Habría sido distinto? En USA, cuan moralistas son.
El avión de Gobo llegó, pero él no salía, seguramente le estaba haciendo fotos a los asientos o a las mantitas del avión...


con esta cámara.

Y este fue el encuentro

A las ocho y poco llegamos al camping, montamos las tiendas y nos fuimos a cenar. Fuimos atendidos por nuestro mesero Antonio - así se presentó - que no manejaba porque le gustaba mucho la cerveza. Y charlamos hasta tarde... ¡Cuántas cosas había que contar!

Buenas noches

Besos y abrazos desde el 129 de Front Street, en Manhattan, New York.

Disculpen por la escasez de imágenes pero la conexión y mi tiempo no dan para más.