La primera crónica
La que debería ser la primera crónica desde Pullman se ha truncado, pero… comenzaré desde el principio del viaje.
Hace un par de semanas me llamó Leo comentándome que estaba pensando comprarse un coche, fue viendo algunas marcas – todas de reconocido prestigio – y conociendo mi afición por los automóviles quiso ponerme al tanto. Finalmente se decantaron por un fantástico Jaguar. Con la emoción compartida y viendo que la fecha de entrega quedaba muy próxima a la de nuestra marcha, se ofreció a llevarnos al aeropuerto para que así pudiéramos dar una vuelta en el gatito. Tempomat, teléfono integrado, un montonazo de caballos, piel beige… Quedamos en que vendrían a por nosotros I y él, pero finalmente I no pudo venir por cuestiones personales – esperamos que todo fuese bien –. El caso es que cuando intentamos meter los dos maletones en el maletero no cabían, de manera que uno de ellos tuvimos que meterlo en el asiento de atrás. Personalmente sufrí lo mío por Leo y su gatito. Sin embargo él parecía sufrir más por la posibilidad de llegar un poquito tarde. Al final llegamos perfectamente, embarcamos perfectamente y despegamos diez minutos después de lo previsto.
Siempre impresiona ver el paisaje desde la ventanilla de un avión. Es como si estuvieras encima de uno de esos mapas en relieve que había en el colegio, pero a tamaño real. Costacabana, Almería, el campo de Dalías (mar de plástico), la ciudad de El Ejido en medio del mar, la Alpujarra, Sierra Nevada, la Sierra de Baza, la Sierra de Segura – hola To – ancha es Castilla, la ciudad de Toledo – que queda al otro lado y no la vemos – y la nube de polución sobre Madrid. Una vez en Barajas llamamos al hotel y vinieron a recogernos en un microbús. Cena, paseo, tal y cual, y a dormir.
Cuando tengo una idea fija en la mente e intento dormir, pueden ocurrirme tres cosas:
La primera es que directamente no me duerma.
La segunda es que me duerma y me despierte a la mitad de la noche por la redundancia de la idea.
Y la tercera es que duerma bien.
Pues ayer estaba en la tercera hasta que alguien me quitó el abrigo de cama – ejem – me dio frío y me desperté - ¿dónde estoy? ¿qué hago aquí? – ¡ah! mala pregunta, empieza la idea redundante… De manera que a las cuatro de la madrugada decido ir al baño y al encender la luz, encuentro un sobre que parecía haberse deslizado bajo la puerta. Al abrirlo un mensaje de la chica de la agencia (la agencia de Almería) nos pedía que llamásemos a Air France para darles el núm de pasaporte y fecha de caducidad, para evitar retrasos. Si no recuerdo mal, a las 23h nos fuimos a dormir y no había ninguna nota. ¿A qué hora llamó?. Intentándolo intentándolo al final conseguí dormirme y justo cuado más disfrutaba del sueño – como siempre pasa – suena el despertador. Habíamos pensado desayunar en el hotel, pero con la historia del mensaje misterioso decidimos adelantar nuestra ida al aeropuerto para evitar retrasos. Así que llegamos con tres horas de antelación a la facturación, hicimos lo que se hace en esos sitios y nos fuimos a desayunar a una cafetería con suelo de parqué y grandes ventanales que dan a una de las pistas desde donde se pueden ver a los aviones aterrizar – esta mañana, imagino que si el viento fuera el contrario se les vería despegar – recomendada por nuestro asesor-luz blanca Leo. Muy agradable el sitio.
Pues a eso de las 8h30’ comenzaron a llamar a Henry Manuel Guzmán Paredes y a – no es coña – Markus Van Deverde – no sé si se escribe así pero sonaba así, no os riáis cabrones* –. Se ve que volaban a Ámsterdam y no aparecían. Los llamaron como siete u ocho veces y la última, a las 9h10’ el tipo del micrófono andaba incluso cabreado, y yo pensaba – esto no nos pasará a nosotros porque hemos venido muy temprano para evitar retrasos –.
El embarque a las 9h50’ y el despegue a las 10h20’. Llegar a París a las 12h15’ y enlazar con el vuelo hacia Seattle que sale a las 13h20. Diez horas y media de vuelo… ¡para qué seguir!... Uno puede hacer lo posible y lo imposible para evitar retrasos, pero si al final Air France se empeña… lo consigue. Hemos salido de Madrid dos horas después de lo programado. En las imágenes se puede apreciar la frustración.
Hace un par de semanas me llamó Leo comentándome que estaba pensando comprarse un coche, fue viendo algunas marcas – todas de reconocido prestigio – y conociendo mi afición por los automóviles quiso ponerme al tanto. Finalmente se decantaron por un fantástico Jaguar. Con la emoción compartida y viendo que la fecha de entrega quedaba muy próxima a la de nuestra marcha, se ofreció a llevarnos al aeropuerto para que así pudiéramos dar una vuelta en el gatito. Tempomat, teléfono integrado, un montonazo de caballos, piel beige… Quedamos en que vendrían a por nosotros I y él, pero finalmente I no pudo venir por cuestiones personales – esperamos que todo fuese bien –. El caso es que cuando intentamos meter los dos maletones en el maletero no cabían, de manera que uno de ellos tuvimos que meterlo en el asiento de atrás. Personalmente sufrí lo mío por Leo y su gatito. Sin embargo él parecía sufrir más por la posibilidad de llegar un poquito tarde. Al final llegamos perfectamente, embarcamos perfectamente y despegamos diez minutos después de lo previsto.
Siempre impresiona ver el paisaje desde la ventanilla de un avión. Es como si estuvieras encima de uno de esos mapas en relieve que había en el colegio, pero a tamaño real. Costacabana, Almería, el campo de Dalías (mar de plástico), la ciudad de El Ejido en medio del mar, la Alpujarra, Sierra Nevada, la Sierra de Baza, la Sierra de Segura – hola To – ancha es Castilla, la ciudad de Toledo – que queda al otro lado y no la vemos – y la nube de polución sobre Madrid. Una vez en Barajas llamamos al hotel y vinieron a recogernos en un microbús. Cena, paseo, tal y cual, y a dormir.
Cuando tengo una idea fija en la mente e intento dormir, pueden ocurrirme tres cosas:
La primera es que directamente no me duerma.
La segunda es que me duerma y me despierte a la mitad de la noche por la redundancia de la idea.
Y la tercera es que duerma bien.
Pues ayer estaba en la tercera hasta que alguien me quitó el abrigo de cama – ejem – me dio frío y me desperté - ¿dónde estoy? ¿qué hago aquí? – ¡ah! mala pregunta, empieza la idea redundante… De manera que a las cuatro de la madrugada decido ir al baño y al encender la luz, encuentro un sobre que parecía haberse deslizado bajo la puerta. Al abrirlo un mensaje de la chica de la agencia (la agencia de Almería) nos pedía que llamásemos a Air France para darles el núm de pasaporte y fecha de caducidad, para evitar retrasos. Si no recuerdo mal, a las 23h nos fuimos a dormir y no había ninguna nota. ¿A qué hora llamó?. Intentándolo intentándolo al final conseguí dormirme y justo cuado más disfrutaba del sueño – como siempre pasa – suena el despertador. Habíamos pensado desayunar en el hotel, pero con la historia del mensaje misterioso decidimos adelantar nuestra ida al aeropuerto para evitar retrasos. Así que llegamos con tres horas de antelación a la facturación, hicimos lo que se hace en esos sitios y nos fuimos a desayunar a una cafetería con suelo de parqué y grandes ventanales que dan a una de las pistas desde donde se pueden ver a los aviones aterrizar – esta mañana, imagino que si el viento fuera el contrario se les vería despegar – recomendada por nuestro asesor-luz blanca Leo. Muy agradable el sitio.
Pues a eso de las 8h30’ comenzaron a llamar a Henry Manuel Guzmán Paredes y a – no es coña – Markus Van Deverde – no sé si se escribe así pero sonaba así, no os riáis cabrones* –. Se ve que volaban a Ámsterdam y no aparecían. Los llamaron como siete u ocho veces y la última, a las 9h10’ el tipo del micrófono andaba incluso cabreado, y yo pensaba – esto no nos pasará a nosotros porque hemos venido muy temprano para evitar retrasos –.
El embarque a las 9h50’ y el despegue a las 10h20’. Llegar a París a las 12h15’ y enlazar con el vuelo hacia Seattle que sale a las 13h20. Diez horas y media de vuelo… ¡para qué seguir!... Uno puede hacer lo posible y lo imposible para evitar retrasos, pero si al final Air France se empeña… lo consigue. Hemos salido de Madrid dos horas después de lo programado. En las imágenes se puede apreciar la frustración.
Tardamos 20 minutos menos de lo esperado pero el enlace ya estaba perdido. Por supuesto Air France nos ha puesto un hotel la cena y el desayuno de mañana, pero no la comida. Así que hoy nos hemos saltado una comida por gentileza de Air France.
Bueno, el hotel no está mal, y en París… la verdad es que así dicho parece una buena oportunidad.
Peeero, hay 15 grados, llueve y hace viento, vamos en manga corta y las maletas están en ese sitio de maletas, y nosotros, no nos engañemos, no estamos en París, estamos en el piiiiiiiiii y piiiiiiiiiii aeropuerto de París.
Bueno, el hotel no está mal, y en París… la verdad es que así dicho parece una buena oportunidad.
Peeero, hay 15 grados, llueve y hace viento, vamos en manga corta y las maletas están en ese sitio de maletas, y nosotros, no nos engañemos, no estamos en París, estamos en el piiiiiiiiii y piiiiiiiiiii aeropuerto de París.
¿Qué es lo que no convierte esto en un caos absoluto? Haber contratado Madrid - Pullman con la misma empresa. Porque se hacen cargo de todo para que podamos continuar.
*El que la entiende la entiende, si alguien quiere explicarlo no tengo inconveniente, pero no me pidáis que yo lo haga.
Cuando estemos en Pullman acabaré este post, mientras tanto lo dejo así para que sepáis que estamos bien y que todavía no hemos llegado, ¡¡¡Buaaaaaa!!!
A partir de ahora mejor voy a mantener la boquita cerrada. Parece que cuando os comentaba llegando al aereopuerto de Almería los problemillas que habia tenido "siempre" que había volado con Air "hago lo lo que ne da la gan con los pasajeros" France, estaba vaticinando lo que os iba a pasar -joder cada vez me parezco mas al Leo mago ese de la serie, que miedo- ja,ja,ja...
ResponderEliminarBueno chicos pues paciencia, ah por cierto en aquellos consejo s que os daba sobre lo que llevar a un viaje tan largo os doy otro que se me olvidó y que yo siempre hago: llevar una muda en un bolso de mano, para odiseas como esta.En fin viajar es así y pensad que por otra parte estas anecdotas son las que dan cierta emoción a la vida-que gracioso estoy esta tarde-.
Os deseo que llegueis lo mas pronto posible, esperamos con avidez la próxima crónica.
Un besazo.
I y L
¡aysss!
ResponderEliminarayer estaba con M y R cuando avisasteis por movil de lo que pasaba... ¡menos mal que teneis tan buen caracter que seguro que lo habeis llevado mas o menos bien!
Y, como dice Leo, esto sera al final una anecdota mas de la gran aventura en la que os hayais inmersos.
No se si ahora estareis volando, me imagino que si...
¡que llegues bien!
Un besazo
Que follon! Los cebolletos lo pasaron un poco mal, ya sabeis la plantación de nervios que habita esa casa.
ResponderEliminarAbrazos!!!