De vuelta a casa.
Tocando madera para volar con Air france entramos en el aeropuerto. La terminal correcta, el mostrador correcto, casi nadie en la cola... sabíamos que llevábamos peso de más en las maletas y a fin de que no se notase, las apoyamos disimuladamente un poquito en el filo metálico de la cinta transportadora donde las pesan. Aún así, la de Ka - no, no era la de Ka, era la mía - se pasó de peso y nos pidieron que trasvasáramos zapatos de una a la otra.
Después de dos años desde nuestra marcha lo recuerdo con nostalgia, pero también recuerdo que teníamos muchas ganas de volver.
Por fin, el último día en Estados Unidos conseguimos hacer uso de un teléfono público para hablar con España, Ka estuvo charlando con Titrinis y gastamos nuestros últimos dólares en un candado y chocolate.
¿Dónde está mi moleskine?
No encuentro las notas de aquel día, cachisss.
Subimos al avión y comenzamos a avanzar a una velocidad considerable - tipo autobús por la carretera -. El aeropuerto parecía interminable.
Despegamos con una hora de retraso, sobre las 22h, nos sirvieron la cena y media hora después, nos dice el azafato en un correcto español - por favor, cierren la cortina, amanecerá en unos minutos. Así que intentamos dormir...
Al llegar a París, como de costumbre, perdimos el enlace hacia Madrid. Nuestro miedo era no llegar al vuelo de Almería - porque no entraba en el paquete contratado con Air France - pero finalmente no hubo problema.
Llegamos a Almería con un yet lag del copón pero contentos de estar otra vez en casa.
Aunque lo parezca este no es el final. Tengo reservados algunos especiales a los que será difícil decir no - como los de Mari Carmen - pero quiero empezar con el viaje a Italia, así que por ahora pongo punto y aparte.
Gracias por estar ahí.
Besos y abrazos
Juan