La llegada a Bérgamo de JR... con algo de retraso.
La pluviosidad media de Bérgamo durante el mes de julio es de 110 l/m2. Este año, los correspondientes 110 l/m2 cayeron mientras bajamos del avión en el aeropuerto de Orio al Serio. Y allí estábamos los tres, S, One y yo, sin saber bien dónde guarecernos, esperando a pie de pista a que nos sacaran de las bodegas del avión la sillita de S. Afortunadamente, la tormenta pasó rápido. Cuando salimos del aeropuerto ya solo chispeaba y cuando recogimos el coche que One había alquilado desde España comenzó a salir el sol.
Superada la primera meta volante, recogido el coche y cambiada S —en puridad, cambiado el pañal de S—, nos tocó merendar. En realidad, solo le tocó a S; a One y a mí no nos tocó comer hasta la hora de la cena.
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La recurrente pregunta sobre el dominio del hombre por la máquina recobra actualidad cuando se usa un navegador tonto para orientarse durante la conducción. Sirve de muy poco tener todo un itinerario programado y cartografiado si, en última instancia, es el tonto impertinente el que decide cuándo hay que girar, cuándo hay que cambiar de sentido o qué salida de la autovía hay que tomar.
Google nos da una idea del camino que ha de tomarse para ir desde el Aeropuerto de Bérgamo a Binasco, un pueblecito situado a las afueras de Milán en el que teníamos reservado el hotel.
En total, son 76 kilómetros, lo que supone un viajecito de una hora. A simple vista, parece fácil; pero, ¿qué pasa cuando el tonto toma la iniciativa y se empeña en meterte por Albegno, Mozzo, Scano al Brembo, Ponteranica, atravesar Milán por una docena e barriadas, hacerte salir por la quinta salida de una rotonda que solo tiene cuatro...
Al final, el tonto nos llevó por aquí (más o menos):
Se nos fueron más de dos horas recorriendo carreteras comarcales que no conducían a ninguna parte, de tomar salidas de circunvalaciones dudosas y de dar vueltas por lugares que hubieran asustado al mismísimo Conde Drácula. No obstante, para que a S se le hiciera más ameno el viaje, One puso el disco de Miliki cantando la tabla de multiplicar.
Al final de esta odisea, llegamos a Binasco, donde Ka ya nos estaba esperando. También ella tenía que contarnos sus peripecias para encontrar el Hotel en el que dormiríamos las siguientes tres noches.
¡Tu turno, Ka!
