lunes, 27 de agosto de 2007

Día sexto.

Aún recuerdo el momento en que recogíamos las cosas del coche la noche anterior. Estábamos un poco liados con el significado de “Inn”. En el diccionario pone “posada”. Yo aún no lo entiendo bien, porque hay hoteles, hay moteles, hay Inns, bed and breakfast… un follón.

A Marina Inn llegamos de rebote, porque la guía decía que fuéramos a otro Inn que estaba muy bien, pero no había vacantes, de manera que el recepcionista, muy amablemente, nos derivó a nuestro destino final.

Como decía, recuerdo el momento en que ya cenados – pagamos la habitación y nos fuimos a cenar para no correr el peligro de encontrarnos todo cerrado – pensábamos qué cosas subir a la habitación y cuáles no, quizá todavía con el “chip camping”:

K - ¿Nos subimos las toallas?

O – No será necesario, seguro que hay en la habitación.

K - ¿Estás seguro?

O - ¡Estamos en Estados Unidos, la primera potencia mundial!

Cuando llegamos a la habitación y vimos las dos camas de matrimonio, la tele de matrimonio, las toallas de matrimonio, el secador, los jabones, crema hidratante, caramelos, papel, boli… ¡Esto es Estados Unidos! – pensé -.

El desayuno estaba incluido en el precio de la habitación – unos 60€ - pero no es el típico desayuno buffet libre de España. Hay muffins, donuts, cereales, tostadas – de pan de molde – fruta, yogur, pero no hay fiambre, tomate, pan normal, ni por supuesto, mi muy añorado aceite de oliva. Pero bueno, como dice el refrán “In Rome do as romans do” (traducción libre: “Allá donde fueres haz lo que vieres”) ¡Qué ganas tengo de una tostada con tomate y aceite y de un café con leche!

Cuestiones culinarias aparte nos fuimos al puerto para tomar el ferry hacia Friday Harbour.



Una vez allí, contratamos un barco que nos daría una vuelta por las Islas San Juan buscando el avistamiento de ballenas.

Teníamos tiempo, de manera que nos dimos una vuelta por el pueblo. Estaba lleno de tiendas de ropa deportiva, de cosas de piratas, restaurantes, cafeterías de tiendas de artesanía india (americana, se entiende)… y el puerto deportivo. Está claro que ese pueblo vive del turismo ballenero, porque el agua estaba bien fría…

Comimos en un japonés – otra vez hablando de comida – unas cosas superpicantes y con mucha soja. ¡Qué cantidad de gases!. Suerte que en el barco había bastante ruido e íbamos al aire libre. Hablo por mí. Me tuve que comprar una gorra porque la mía la olvidé en el coche – es que cuando llegamos al puerto de Anacortes estaba lloviendo – y encontramos un sitio donde mirar el correo electrónico.



En fin, el viaje en barco alrededor de las Islas San Juan fue de ensueño. Vimos cantidad de animales y paisajes:


Focas

Águilas

Aquí iba a pescar

Cervatillos

Patos

…y paisajes muy bonitos

…pero de orcas sólo un lomito.

La empresa con la que hicimos el viaje es la única que te garantiza el avistamiento y por este motivo nos ofrecieron tickets nominativos para volver, incluso otro año, pero decidimos rechazarlos. Aún sin ballenas, el paseo fue espectacular.

De vuelta en Anacortes hay que cenar. Llegamos a un sitio recomendado por la guía que debía estar muy bien, porque no cabía más gente, de manera que nos fuimos a otro, apremiados por el hecho de conseguir sitio en el camping… una pizzería. Pedimos bebidas y pizza, se equivocaron en los ingredientes y como compensación nos regalaron la pizza y nos rellenaron las pepsis que habíamos consumido mientras esperábamos. ¡Qué trato al público tiene esta gente, se deshacían en disculpas y nos estaban regalando la cena!.

Cenamos en el coche de camino al camping ¡Joé, cómo pica la pizza!. Cuando llegamos a Deception pass estaba completo. ¿Por qué les pondrán esos nombres? Realmente nos decepcionó. El de Bay View también completo, y en el del medio no admitían tiendas, sólo caravanas.

Como el destino siguiente era Seattle, decidimos ir acortando distancia y buscar un sitio en la carretera para dormir.

Motel Mark II

El típico motel de las películas americanas, con dos pisos, todas las habitaciones abren directamente a la calle. Frente a la recepción había una Harley Davidson, bien cuidada pero algo distinta a los cientos de Harleys que hemos visto… menos pija. En la recepción, un tipo con pinta de duro bastante feo, vestido de negro riguroso, excepto por el escudo de Harley de la camiseta. Obviamente la moto era suya… y nosotros habíamos aparcado al lado de ella.

Sólo quedaba una habitación y con sólo una cama. ¿Qué hacemos?. Estamos en los Estados Unidos, aquí las camas son a lo bestia, y cincuenta pavos… está muy bien.

- OK

- Número 37.

Pusimos el coche en la puerta y Ka abrió mientras yo empezaba a descargar.

- Venga Ka, enciende la luz.

- No funciona, espera, aquí parece que hay otro interruptor.

- ¡Oh, qué olor más fuerte! ¿Matarratas?

Cuando Ka enciende la luz, empieza a venírseme encima la estampa:

La luz provenía de un aplique que originariamente debió tener tres bombillas, de las cuales sólo quedaba una en funcionamiento, un casquillo estaba vacío y el otro tenía bombilla pero rota. La cortina de la ventana estaba asquerosa de sucia y medio descolgada. El microondas remendado con cinta adhesiva, parecía dispuesto únicamente para ser utilizado como detonador de una pequeña bomba en caso de tener que huir precipitadamente. La tele tenía grabado a cuchillo el nombre del motel en su parte superior, no debía ser la primera vez que habían robado una allí. El mando a distancia estaba destrozado, seguramente por múltiples golpes y remendado como el horno, con cinta adhesiva. Sobre la cama un sucio soporte para barra de neón, como todo allí, sin barra. Parece que a alguien en algún momento no le interesó que hubiera demasiada luz dentro. Las suelas de los zapatos se quedaban pegadas en el suelo del baño y la bañera estaba oxidada en una de sus esquinas. ¿Estamos en Estados Unidos? – pienso -.

- ¿Qué hacemos?

- Ya hemos pagado, yo voy a darme una ducha.

Durante el rato que Ka se duchaba yo intentaba conciliar el sueño en el saco de dormir, sobre la cama. La ventana de atrás estaba atrancada con un palo; como nos habían invitado a las pepsis y Ka no quería más, al final me tomé tres y andaba con un chute de cafeína del quince; el picante de la pizza, los gases de la pepsi, el techo desconchado, el cutre papel de la pared y ese maldito olor a matarratas.

¿Qué ideas no se me pasarían por la cabeza en ese momento?. Recordé todas las pelis de matones en moteles que he visto… ¿Tengo garantías de poder sacar a Ka? ¿Por dónde escapamos? ¿Dónde está mi arma? Voy a comprobar que la puerta esté cerrada… ¡Noooo,… no… no puede ser! ¡No se puede cerrar, se queda abierta! ¡Tendré que atrancarla! Y coloqué estratégicamente dos sillas apuntalándola.

Vuelvo a la cama e intento relajarme… ¡tranquilo, estamos en Estados Unidos!... y comienza a sonar un pitido agudo y fortissimo: ¡¡¡Piiiiii, piiiiiii, piiiiiiii, piiiiiiii, piiiiiii, piiiiiiiii!!!.

¿Pero qué leches es eso?

- ¡One!, ¿qué pasa? - pregunta Ka -

- ¡No lo sé, no lo sé, voy a ver!

Me fui hacia la ventana pensando que podía ser la alarma del coche - ¿dónde está mi arma? – pero no, miro alrededor, pienso… y entonces lo vi claro: el vapor de la ducha había hecho saltar la alarma contra incendios… ¡Jo… tenía el corazón a mil!

- ¡Ka, nos vamos, recoge que nos vamos!

- ¿Estás seguro?

- ¡Absolutamente, y rápido!


Continuamos hacia Seattle y salimos en Marysville, donde encontramos un Comfort Inn. Sólo les quedaba una habitación… fantástica, con “king bed” una cama de dos metros y pico por dos… para perderse.

Dulces sueños.

Besos y abrazos.

sábado, 25 de agosto de 2007

Día quinto.


Amanecimos al día quinto del viaje por el Noroeste en medio del “bosque de pelos” y tras desayunar y desmantelar nuestro hogar portátil, nos marchamos al centro de visitantes del “Hoh Rain Forest”. Es sorprendente ver la documentación bibliográfica tan buena que encuentras a la venta en un pequeño centro de visitantes en medio de un inmenso bosque. Podías hallar, además de las típicas postales y detallitos, mapas a diferentes escalas, tratados de ecología del Noroeste, enciclopedias botánicas de la zona con distintos niveles de detalle, libros de historia, y hasta cuadros con vegetación autóctona secada y prensada. Allí todo tenía pelos: los “Rangers Power” que te atendían, las cabinas de teléfono…


…las piedras, y sobre todo, los árboles. Es el bosque que habita sobre el bosque. Líquenes, musgos y helechos que crecen sobre los árboles, dándole al bosque un aspecto peludo muy peculiar. Juzgar por vosotros mismos.


Como ya ha contado One, las tormentas invernales suelen arrancar árboles, que embriagados de tanta riqueza en nutrientes, no necesitan profundizar sus raíces para buscarse las habichuelas. La vida es impaciente aquí, de manera que cuando cae un árbol, las semillitas aprovechan rápidamente este cadáver para germinar sobre él, creando formaciones como estas.


En ocasiones (veo mueeertos, jeje) el árbol cadáver es consumido por sus iguales, y las raíces quedan dispuestas de maneras caprichosas.


Decidimos hacer un par de rutas por el bosque. Los senderos estaban muy bien marcados y documentados con paneles. Nosotros, como siempre, íbamos en plan japoneses, haciendo fotos a todo, mientras grupos de americanas montañeras nos adelantaban con su casa prensada en una mochila y en un segundo se perdían por el fondo del sendero.

Al parecer los americanos de estas remotas tierras son muy amorosos, todos nos saludaban con un “Hi dears” (hola queridos). Quizás un exceso de cariño por parte de sus familiares les hizo contraer una enfermedad de pequeños que les dejo, posteriormente, la secuela del “americano amoroso”. Un joven sin pelo hizo destacar en medio del bosque de pelos a un grupo de españoles. Eran de Asturias y del País Vasco, algunos vivían en Málaga. Intercambiamos impresiones de los sitios que habíamos visto y de lo que planeábamos ver después. Todos estábamos muy bien documentados. Nos dieron consejos sobre la ruta del día sexto, y decidimos hacerles caso, de manera que tras el lunch partimos hacia el Este, dirección a Anacortes, desde donde cogeríamos el ferry hacia las Islas de San Juan.

Para llegar a Anacortes tuvimos que abandonar la península de Olympic (muy a pesar nuestro), atravesar la capital del estado de Washington (Olimpia), tragarnos el atasco del año entre Tacoma y Seattle, y seguir hacia el Norte unas millas más, hasta llegar a la isla de Fidalgo, donde se encuentra esta población. Habría sido recomendable viajar hacia el Norte desde el principio en lugar de hacia el Este. Nos habriamos ahorrado unas millas y el atasco.




Ver mapa más grande


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Llegamos muy tarde, después de las 10, y nos alojamos en un hotelito llamado Marina Inn, cerca del puerto. La habitación doble para los americanos, era cuadruple para nosotros, ya que tenía dos camas de matrimonio, y una tele de matrimonio también. La chica de la recepción nos aconsejó un sitio italiano para cenar, y allí nos presentamos One y yo, hechos unos guarris, con el pelo pelijoso, sin afeitar (me habeis pillado), con la ropa arrugada por del viaje, en un restaurante requeteplin, con todo el mundo super-arregrado-te-lo-juro, con sus botellas de vino y su comida jander-clander. Nos atendió una jovencita italina que prácticamente acabaría de aterrizar del país de la pasta y tenía un acento graciosísimo al pronunciar frases como “Do you want morrrrrre brrrrrrrread” o “Enjoy the dinerrrrrrrrrr”. Esa noche dormimos como bebés, en nuestras enormes camas, duchaditos, con nuestra buena cena con aceite de oliva (importante detalle) y nuestra ración de limonchelo.

En USA, ¡cuán raros son!

La lavandería. Como estamos acostumbrados a ver en las películas, las lavadoras aquí están en lavanderías. Es algo que yo no entiendo. Una familia puede tener tres trucks, un coche viejo que no utiliza, una casa enorme con jardín…. pero no tiene lavadora en casa. ¿Alguien sabe por qué? Así que cuando estas en casa cocinando y recuerdas que tienes ropa para lavar tienes que coger tu ropa sucia, tu detergente, tu suavizante y dinero suelto en monedas de un cuarto de dólar, pasearlo todo por el vecindario y poner la lavadora. Y si quieres llevarte la ropa menos mojada a casa, un par de paseos más: baja cuando haya terminado el programa de lavado con más dinero suelto para poner la secadora una vez para secar un poco la ropa y ¡vamos, chicos!, otro paseíllo y más dinerito para secar la ropa totalmente. Se trata de un deporte conocido mundialmente como “lavendering”, que en inglés sería “loundring”.


Sprocket

Día cuarto.

Una de las cosas negativas de escribir con dos semanas de retraso es la pérdida de frescura.

Estaba releyendo la entrada del día tercero y no refleja para nada la tensión del "momento camping"; las y pico millas que tuvimos que hacer sabiendo que existía también la posibilidad de encontrarlo completo; la lluvia que no cesaba; la búsqueda del cartel entre los carteles de la carretera - ¿para dónde vamos, para la izquierdita o a la derechita? -; no tener cambio para pagar el camping y tener que volver al sitio donde pedimos la cena; y la oscuridad, que se acercaba más rápido que otros días por el efecto de las nubes.

Como adelanté ayer, estuvo lloviendo toda la noche y el puma disfrazado de conejo finalmente no nos atacó, disuadido por el tamaño de mis bíceps, casi con total seguridad.

Paró un poco de llover y aprovechamos para recoger la tienda. Recuerdo que desayunamos de pie porque la mesa estaba mojada. A medida que nos alejábamos del camping la lluvia iba cesando.

La ruta de hoy prometía bellísimos paisajes. La primera vez que vi aquellos lugares fue en un National Geographic que nos pasó Titrinis - ya sabéis que tienen los mejores fotógrafos - pues aun así, no le hacen justicia. Tampoco nuestras fotos le hacen justicia. Estar allí para comprobar la inmensidad de Rialto Beach,

y leer incrédulo que los troncos tumbados en la playa están ahí porque el Pacifico los arrolló en algún momento - ¡pero si el Pacifico no tiene olas! -. También es cierto que les pilla desprevenidos. En esta zona la superficie del suelo es tan rica que los árboles no necesitan profundizar sus raíces, de manera que una tormenta fuerte puede tumbarlos. ¡Habrán sido tormentas pues, y no el Pacifico, el pobre!.

Aunque también dicen que cuando sube la marea, llega hasta el propio bosque. Por desgracia, nosotros sólo lo vimos con marea baja. ¡Jo, qué desgracia!.

Por cierto, los americanos son funcionales hasta para ponerle nombre a las playas. La segunda iba después de la primera y antes que la tercera. En España la habríamos llamado “la cala de las tres montañas” o “la playa de los pinos muertos.

Y tuvimos suerte de la gorda con el tiempo, estando en la second empezó a salir el sol y pudimos tomar estas vistas:

Sin embargo, no era aconsejable bañarse, debido a la temperatura del agua. Los más valientes lo hacían con traje de neopreno y nosotros, que también somos valientes, nos metimos hasta casi las rodillas – somos valientes pero no soportamos bien el frío -.

El estado de Washington y nuestra ubicación en el mapa.

Fuimos a cenar a un mejicano. El sitio era cutrecillo pero la comida no estaba mal – Ka no opina igual, creo que no le satisfizo mucho el burrito, o quizá fue la salsa, o el arroz, o el picante -. Al entrar

K – Buenas tardes

Camarero – Buenas tardes, mesa para dos que hablan español.

A la mesa viene otro camarero que empieza a hablar en inglés:

- Wachu wachuwá

- ¿Podemos hablar en español?

- Disculpen, no me di cuenta, es que como yo estoy remiche y ustedes precates.

No os molestéis en buscar las palabras en el diccionario, me las he inventado porque no soy capaz de recordar las originales, que dicho sea de paso, tampoco conocía, de manera que como una vez me aconsejó I, señora de Leo, sonreí y asentí con la cabeza.

Pagamos aquella tarde/noche como casi todo, con tarjeta. Pero necesitábamos suelto para el camping (de esa noche) en “el bosque de pelos” o como lo conocen ellos “Hoh rain forest” (traducción literal: “Oh lluvia bosque”).

Dándonos las gracias, al gentil camarero le digo: “sólo una cosita no más, necesitamos cambio…” y esa frase me ha costado días y días de cachondeo arrojadizo hacia mi persona, primero por parte de Ka y después de Gobo. No lo hice adrede, fue sólo un lapsus y no le di la entonación mejicana que dice Ka.

Merece la pena que veáis la bienvenida que nos dieron en la entrada en el camping del bosque de pelos.

En USA, ¡Cuán raros son!

El señor del pelucón va al súper con su coche… y no siente vergüenza ni por la peluca ni por el coche.

¿Y el chavalito del pijama?

Sí, ese sí siente vergüenza, por eso lleva la capucha puesta.

Tomkkk, no es el trasero de la chica lo que hay que mirar, sino el pantalón del negro.

viernes, 24 de agosto de 2007

Paralelo 36º 50'

Los viernes son especiales, la actividad se reduce considerablemente.

Sales a la calle y es como las mañanas de viernes santo cuando iba a comprar churros. Todavía queda algún resquicio del bullicio de la noche, los trabajadores de servicio publico limpian las calles y ese Sol de primavera que ilumina de lado... por la mañana...

Un pseudo-pecado capital se ha apoderado de mí. Me he vuelto vago literario y ayer no escribí nada - espero que sepáis perdonarme -. Pero creo que puedo compensaros con la idea de esta mañana:

Mis amigos Leo, Cdatuba y Gobo han hecho sus respectivos viajes al extranjero y hace tiempo que pensaba insistirles en la posibilidad de que compartieran con nosotros sus experiencias. Pero veo un importante handicap en las restricciones de la línea recta, de manera que he creído conveniente - al más puro estilo dios - la creación de un universo cibernético paralelo cuyo nombre es - valga la redundancia - Paralelo 36º 50'

Por supuesto se hace extensivo a quien quiera compartir su viaje con este grupo tan selecto.
Mandadme un correo comentando vuestras intenciones y os doy de alta como reportero/a dicharachero/a.

Besos y abrazos

jueves, 23 de agosto de 2007

Día tercero.


También tenemos fotos por la mañana, con la marea baja.


¡Qué sitio tan poco peligroso! - pensareis - pues claro, y bien bonito.



Nos fuimos desde allí (Salt Creek County Park) hacia Lake Crescent, por donde estuvimos paseando. Para llegar a las Marymere Falls tuvimos que atravesar uno de los bosques más bonitos que hemos contemplado,



y en el camino nos vinieron persiguiendo unos chinos cuyos hijos (un niño y una niña) no paraban de gritar. Ka cree que es porque de pequeños tuvieron una enfermedad que les hace actuar de esa manera.


Al mediodía pretendíamos llegar al extremo noroeste de la península y comer allí, pero había obras en la carretera y nos estábamos retrasando demasiado, de manera que decidimos comer en Neah Bay. Un perro indio se nos acerco pidiendo comida
- Jau!, Yo querer comida
- Lo siento, no entiendo perro ingles - le dije -
- Yo no ser ingles, ser indio
- ¡Vaya!, pues menos todavía.



En el pueblo estaba el Museo Makah, que recibe el nombre de la tribu que habita aquella zona. Según Ka, de pequeños debieron pasar alguna enfermedad que les hace tener cara de cabreados.

Allí nos enteramos de algunas cosas interesantes, a saber:
La tribu Makah vivía fundamentalmente de la pesca y el posterior secado con sol y sal de la carne. Pescaban muchas clases de pescados pero el más destacable, sin duda, la ballena. Los señores se metían en una barca y se largaban al mar a hincarle arpones a las ballenas. Hay que tenerlos bien puestos... El caso es que el gobierno americano prohibió el uso de la técnica ancestral que usaban y la tribu quedo desolada - otra tradición menos - Pero entonces llegaron los de la WSU, los arqueólogos, y descubrieron restos de un poblado Makah - mas antiguo que los colonos - y los utensilios para cazar ballenas estaban allí. De esta manera, habían demostrado que era una técnica con arraigo histórico, volvieron a permitirla y la tribu encontró de nuevo la felicidad - aunque sus caras no la reflejen por la enfermedad que pasaron de pequeños -.

Debíamos ir al camping de Ozzete en la playa de Ozzete – donde se encuentran los restos arqueológicos - pero cuando llegamos estaba completo, así que tuvimos que recular y tirar para el Mora Campground. Empezó a llover y la noche se echaba encima, de manera que compramos cena para llevar en un sitio de carretera a 5 o 6 millas del camping.

El camping resultó ser el más bonito de todos los que hemos visitado. Al llegar escogimos la parcela


pero al ir a pagar no teníamos suelto. Creo que ya conté cómo funciona lo de pagar en el camping: coges un sobre, lo rellenas con tus datos, metes la pasta dentro y el sobre dentro de un buzón. Pues no teníamos suelto - manda narices - así que... vamos a preguntar a los vecinos; y todos simpatiquísimos pero nadie tenía, ¿de qué sirve tanta simpatía cuando lo que se busca es eficiencia?. Vamos a buscar al vigilante y no lo encontramos. Bueno, vallamos a lo de la comida para llevar - 5 o 6 millas para allá y otras tantas para acá -. Cuando cumplimos la misión, ya montada la tienda y pagada la parcela, advertimos una placa sobre la mesa donde rezaba una inscripción que llamaba la atención sobre la importancia de no dejar comida sobre la mesa o en el interior de la tienda, pues en el bosque habitan pumas y osos, que atraídos por el olor de la comida podrían organizar una buena.

Aquella noche no hacía frío, tampoco paró de llover y al amanecer, empezamos a escuchar pisadas de animal merodeando por nuestra parcela. Cuando acumulamos suficiente valor para abrir la ventana de la tienda y asomar el ojo de la cámara, encontramos esta impresionante fiera, aunque por suerte, no parecía dispuesta a comernos.


En USA, cuan raros son!

Aquí hay montones de coches de la administración. En USA si no tienes coche no puedes hacer nada, porque las distancias son millamétricas y cualquier ciudad de 20.000 habitantes tiene más superficie que una española de 200.000. De manera que jardinero, trabajadores de mantenimiento, etc. de la uni, llevan coche de la uni, y en todos estos coches se puede observar una pegatina en la parte trasera donde pone: How is my driving? (¿Cómo conduzco?) y un numero de teléfono donde puedes llamar si te apetece comentar algo sobre x coche.



El personaje. El corredor.

Hoy presentamos a un personaje que aparece siempre a la misma hora por el lugar donde solemos comer. Llega corriendo, la mayoría de las veces acompañado por una o dos personas. Hasta aquí normal, pero es que siempre viste igual... y parece que suda... ¿
Habéis visto el móvil?


Besos y abrazos

Ka & One