Día cuarto.
Una de las cosas negativas de escribir con dos semanas de retraso es la pérdida de frescura.
Estaba releyendo la entrada del día tercero y no refleja para nada la tensión del "momento camping"; las y pico millas que tuvimos que hacer sabiendo que existía también la posibilidad de encontrarlo completo; la lluvia que no cesaba; la búsqueda del cartel entre los carteles de la carretera - ¿para dónde vamos, para la izquierdita o a la derechita? -; no tener cambio para pagar el camping y tener que volver al sitio donde pedimos la cena; y la oscuridad, que se acercaba más rápido que otros días por el efecto de las nubes.
Como adelanté ayer, estuvo lloviendo toda la noche y el puma disfrazado de conejo finalmente no nos atacó, disuadido por el tamaño de mis bíceps, casi con total seguridad.
Paró un poco de llover y aprovechamos para recoger la tienda. Recuerdo que desayunamos de pie porque la mesa estaba mojada. A medida que nos alejábamos del camping la lluvia iba cesando.
La ruta de hoy prometía bellísimos paisajes. La primera vez que vi aquellos lugares fue en un National Geographic que nos pasó Titrinis - ya sabéis que tienen los mejores fotógrafos - pues aun así, no le hacen justicia. Tampoco nuestras fotos le hacen justicia. Estar allí para comprobar la inmensidad de Rialto Beach,
y leer incrédulo que los troncos tumbados en la playa están ahí porque el Pacifico los arrolló en algún momento - ¡pero si el Pacifico no tiene olas! -. También es cierto que les pilla desprevenidos. En esta zona la superficie del suelo es tan rica que los árboles no necesitan profundizar sus raíces, de manera que una tormenta fuerte puede tumbarlos. ¡Habrán sido tormentas pues, y no el Pacifico, el pobre!.
Aunque también dicen que cuando sube la marea, llega hasta el propio bosque. Por desgracia, nosotros sólo lo vimos con marea baja. ¡Jo, qué desgracia!.
Por cierto, los americanos son funcionales hasta para ponerle nombre a las playas. La segunda iba después de la primera y antes que la tercera. En España la habríamos llamado “la cala de las tres montañas” o “la playa de los pinos muertos.
Y tuvimos suerte de la gorda con el tiempo, estando en la second empezó a salir el sol y pudimos tomar estas vistas:
Sin embargo, no era aconsejable bañarse, debido a la temperatura del agua. Los más valientes lo hacían con traje de neopreno y nosotros, que también somos valientes, nos metimos hasta casi las rodillas – somos valientes pero no soportamos bien el frío -.
El estado de Washington y nuestra ubicación en el mapa.
Fuimos a cenar a un mejicano. El sitio era cutrecillo pero la comida no estaba mal – Ka no opina igual, creo que no le satisfizo mucho el burrito, o quizá fue la salsa, o el arroz, o el picante -. Al entrar
K – Buenas tardes
Camarero – Buenas tardes, mesa para dos que hablan español.
A la mesa viene otro camarero que empieza a hablar en inglés:
- Wachu wachuwá
- ¿Podemos hablar en español?
- Disculpen, no me di cuenta, es que como yo estoy remiche y ustedes precates.
No os molestéis en buscar las palabras en el diccionario, me las he inventado porque no soy capaz de recordar las originales, que dicho sea de paso, tampoco conocía, de manera que como una vez me aconsejó I, señora de Leo, sonreí y asentí con la cabeza.
Pagamos aquella tarde/noche como casi todo, con tarjeta. Pero necesitábamos suelto para el camping (de esa noche) en “el bosque de pelos” o como lo conocen ellos “Hoh rain forest” (traducción literal: “Oh lluvia bosque”).
Dándonos las gracias, al gentil camarero le digo: “sólo una cosita no más, necesitamos cambio…” y esa frase me ha costado días y días de cachondeo arrojadizo hacia mi persona, primero por parte de Ka y después de Gobo. No lo hice adrede, fue sólo un lapsus y no le di la entonación mejicana que dice Ka.
Merece la pena que veáis la bienvenida que nos dieron en la entrada en el camping del bosque de pelos.
En USA, ¡Cuán raros son!
El señor del pelucón va al súper con su coche… y no siente vergüenza ni por la peluca ni por el coche.
¿Y el chavalito del pijama?
Sí, ese sí siente vergüenza, por eso lleva la capucha puesta.
Tomkkk, no es el trasero de la chica lo que hay que mirar, sino el pantalón del negro.
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