sábado, 8 de diciembre de 2007

Cuando la incompetencia se apodera de una ciudad.

Veo turistas orientales paseando con sus cámaras, le hacen fotos al hotel. ¡Aquí, aquí, estoy aquí encerrado, esperando un correo que no llega!
Cientos de personas hacen cola más allá... ¿Es que nadie puede verme? ¡Por favor, mirad aquí, en la sexta ventana de la última planta! ¡Aquí, aquí, estoy aquí encerrado, esperando un correo que no llega!.
Bajar la potencia del aire acondicionado es tan sencillo como descubrir el secreto lugar del mando. ¡Aquí, aquí, estoy aquí encerrado, esperando un correo que no llega!.


Cuando llegas a Nueva York debes estar preparado para pagar montones de tasas. Si vas a un comercio y estás interesado en algo, pregunta si el precio lleva las tasas incluidas, porque de lo contrario pueden sorprenderte al pasar la tarjeta.
De lo que pagamos en el hotel por las cuatro noches – alrededor de $1000 - $350 eran tasas. Fácil de calcular, un 35%.
En restaurantes las propinas son del 18% y si pagas con tarjeta ya están contempladas en la impresión del ticket, aunque te ofrecen la posibilidad de agasajar al camarero/a con propina extra (add tip).
En Seattle compré un Traveler de National Geographic y explican que para evitar que los votantes paguen impuestos, cargan hasta las trancas a los turistas. De manera que del total del alquiler de un coche en la ciudad de Seattle, el 64% son tasas.
En espectáculos pasa algo parecido. Cuando compré las entradas del Rey León había que sumar al precio las tasas por entrega. Los precios de las entradas oscilan entre los 90 y los 300 dólares. Imagino que las más populares son las más económicas y que éste es el motivo por el que dos semanas antes no había. Así que tuve que comprar unas intermedias de $134, que si le sumas un implemento por entregártelas en el hotel se van a $150 – cada una, por supuesto -.
Efectivamente el tal José que nos había llamado el día anterior trabajaba para el Minskoff Theatre o para alguna de las empresas que venden las entradas de los espectáculos de Broadway. Dos butacas nos esperaban para ser testigos de la estremecedora historia de Simba y no teníamos los tickets.
Volvimos a llamar a José - que no estaba – y nos dijeron que no podían mandarnos las entradas por mensajero, como estaban contratadas dos semanas atrás – igual no tuvieron tiempo - de manera que lo iban a hacer por correo electrónico. “Pero oiga, ¿entonces me devuelven lo que he pagado para que me las traigan al hotel?” - preguntó Ka - “Cuesta lo mismo mandarlo por mensajero que por correo electrónico” - dijo el tipo - ... Sin comentarios, bueno sí, ochocientas entradas a quince dólares por correo electrónico en dos sesiones/día... Total, son cuatro días en NY para intentar disfrutar al máximo, no te vas a poner a reclamar.

Estrujamientos aparte, el hotel era de lujo y su ubicación sensacional. Tenía wifi para los clientes y allí estábamos, frente al portátil, esperando a que el avispado del Minskoff le diese a la tecla de enviar... mirando por la ventana, viendo a la gente pasar desde nuestra cárcel de lujo, la primera mañana de nuestra vida en NY.

Pero como dice el refrán “No hay mal que cien años dure” - ni cuerpo que lo aguante -. Cuando comenzaba a hacer el relato de mi desesperación...
K – Actualizar... aquí está.
O – Lo imprimimos en recepción y... ¡¡¡¡Zumbando, New York nos espera!!!!

Nuestro propósito principal aquel día era el espectáculo, así que buscamos en la guía Leo qué podíamos hacer cerca del teatro.
En el metro compramos un pase para siete días ($24) y subimos hasta Broadway. Allí dimos un paseo, compramos los City Pass y la visita guiada en bus por midtown.

Comimos pizza cerca del teatro y finalmente hicimos uso del las difíciles entradas.

No dejan hacer fotos del espectáculo y te avisan de que tienen cámaras grabando al público - ¡qué íntimo! - por si a alguien se le ocurre...


Pero fuera sí.

¿Que si mereció la pena?. Habría merecido la pena el viaje tan sólo por ese espectáculo.

Cuando salimos nos metimos en el Virgin Store y compramos unos discos



El apartado de música española


Y estuvimos con los Simpson


La señora es de verdad, no es un muñeco...



Fuimos al Rockefeller Center...


Pasando por Lexington Avenue



La catedral gótica



Este edificio me encanta: el Chrysler


Reflejado en el que tiene enfrente.


¿Se nota que me gusta mucho?


Y llegamos al Empire State Building...


No estoy comentando porque podéis ver las fotos, pero sí os diré que siempre – no sólo en este viaje – tengo la sensación de que las fotos no hacen justicia a lo fotografiado.

A la salida del mirador más alto de Nueva York decidimos cenar. Habíamos hecho dos horas y pico de cola


– sí, pero merece la pena, de verdad – y subido ochenta y tantos pisos... Pues en el mismo edificio nos tomamos unas hamburguesas que – debo decirlo – estaban buenas, con cerveza rica... y mi cena fue invitación de la casa. ¿Por qué? Por no hablar de ello, así que no lo contaré.


En el capítulo de agradecimientos...
Pepe: siento lo de tu aerofobia y espero que consigas superarlo, estoy seguro de que te encantaría vivir los musicales en Broadway.
JR: Mucha, mucha pasta... no, ¡aún más!.
Titrinis: Ya veo que hueles las oportunidades.
Hijo del director: echábamos de menos tus comentarios. Sí que fue follonera la llegada... y lo que queda.

Besos y abrazos.

1 comentario:

  1. Tengo que confesarte que ultimamente las oportunidades pasan por delante de mis narices sin que me de tiempo siquiera a olerlas. Pero bueno, una etapa de atorrijamiento no puede durar eternamente, esperemos...

    Quiero ir a Nueva York!!! Me he quedado embobado con las fotos desde el Empire state Building... es que no se puede decir nada no¿? Lo que se ve en la foto que tienes debajo del comentario "Y llegamos al Empire [..]", al fondo a la derecha, es el puente de brookling¿? O ese puente no está en nueva york? Supongo que me pasa como a los americanos en europa, francia me parece italia e italia creo que tiene una reina Isabel.

    Abrazos mas!!!

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