martes, 23 de octubre de 2007

Soñando despertar en un sueño

No parece que sea fácil salir de Pullman.

Buena parte de aquel domingo la pasamos buscando la mejor combinación para la vuelta del abuelo a Seattle, donde tomaría el vuelo de retorno a España.



Ka estaba trabajando. Por toda la flexibilidad horaria que la universidad da a sus investigadores fruto de la confianza – al igual que el hecho de que les entreguen una copia de las llaves del edificio – en parte, es por ella que pudimos disfrutar de esas dos semanas de viaje.


Pues eso, mientras ella trabajaba nosotros nos fuimos al centro de visitantes, a la biblioteca municipal – donde también tienen conexión gratuita a Internet – a Rico’s para tomar una cerveza, y a Dissmores.


¿Fue aquella noche cuando cocinó el abuelo? No sé si fue aquella noche, pero nos preparó una pasta con una salsa deliciosa.


A todo esto, Ka seguía con la alergia. Parecía que podía ser la soja, de manera que empezó a intentar evitar todo lo que llevara soja o derivados de ella: pan de molde, pan de perritos, algunos pasteles, cualquier frito – si comíamos fuera – y una crema corporal que multiplicaba la urticaria. Luego le regaló la crema a M, la esposa del Dr T. Tranquilos, creo que ya se encuentra bien.


El tiempo había cambiado, llovía bastante seguido y en ocasiones con fuerza.


Cuando nos levantamos al día siguiente, el abuelo y yo teníamos como primer propósito hallar la solución más viable para su marcha. Efectivamente, el día anterior no habíamos conseguido dilucidar la mejor solución. Después de darle muchas vueltas, entendimos que lo más funcional – y no necesariamente lo más caro – sería alquilar un coche en el aeropuerto de Pullman para dejarlo abandonado en el de Seattle, total, si no van a ir a buscarte a España…


Bromas aparte... Era pronto y pasamos por la escuela de música – destino obligado para presentar salutaciones a los colegas, espero que haya más oportunidades en el futuro –. Gobo quería conocerla - la escuela - y yo debía ponerme las pilas con la trompeta, pues el 28 tenía un concierto con el quinteto de la WSU, y el 8 de septiembre – sin mucho tiempo para ensayos y con cuatro días en Nueva York en medio – otro concierto con mi grupo, el Quinteto de Metales Reiche. Para más inri, llevaba dos semanas sin soplar una nota...


Y las casualidades... Dr T terminaba una clase y lo encontramos, le presenté a Gobo y nos fuimos a tomar un café con él y S – la cantante que parece una persona normal -. También visitamos al director de la escuela, que no tardó en proponer relaciones institucionales. Y se nos fue un poco el santo al cielo.


Bueno Gobo, vamos a recoger tu coche al aeropuerto, que después hay que ir a Moscow a devolver el Jeep


...Y se nos fue el santo al cielo. Cuando llegamos a Moscow habían cerrado Ambassador Auto... ¡Jo, vaya caca, volveré mañana, qué le vamos a hacer!

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