jueves, 11 de octubre de 2007

Decimocuarto día.

Hoy recoge Ka el testigo del madrugón que cada día asumía uno de nosotros. La noche fue lluviosa pero el viento amainó – creo, la verdad es que una vez dormido me enteré de poco - aunque es cierto que el abuelo comentó algo de que la tienda se le venía encima. Sí que fue agradable la temperatura, la cual permitía dormir a medio tapar, sin sensación de frío ni de calor. Y Ka se levantó a las siete con un ataque de responsabilidad para con la administración americana por no haber cumplido la noche anterior con nuestras obligaciones pecuniarias.
La luz del día nos dio una perspectiva muy distinta de nuestra parcela. Era la más grande del camping. Tenía espacio para dos caravanas al frente y al menos cinco tiendas detrás… ¡de Linares, chichipún!. Efectivamente colocar las tiendas en la parte de atrás nos habría ahorrado el esfuerzo de las piquetas, pero llegar a tiempo para con luz natural examinar el camping habría supuesto la renuncia al Old Faithfull.
De los entre doce y dieciocho dólares que se suelen pagar en los campings como éste, saltamos a treinta y cinco – porque teníamos la mejor parcela -.
Y al despertar, Ka nos había preparado el desayuno, aunque el tiempo no estaba con nosotros. Comenzó a chispear - nada serio – ya habéis visto el tamaño de las muffins… si una magdalena española es capaz de absorber un café, a una muffin le cabe un galón de café, leche o cualquier otro líquido, entre los que por supuesto entra el agua de lluvia. Puede que fuera por las muffins precisamente que llovió, quizá actuaron como imán de lluvia debido a su capacidad absorbente, de hecho, cuando cerramos la caja, misteriosamente dejó de llover, se abrió el cielo y no volvimos a ver una nube.

En la gasolinera decidimos tomar un café y allí fue donde conseguimos robar estas imágenes.



Fue terriblemente arriesgado, porque el aguerrido e inteligente sheriff – siempre ojo avizor – estuvo a punto de descubrirnos en dos ocasiones. Incluso en las fotos se advierte su entrenamiento diario para luchar contra todo tipo de peligros.

La guía dice que el Hells Canyon es el de mayor profundidad de todos los Estado Unidos, así que vamos a hacer un rodeo de un montonazo de millas en lugar de volver por el mismo sitio que vinimos, por una carretera que bordea el río Serpiente. Luego tomaremos una secundaria de la secundaria hasta la parte más alta.
Los límites de velocidad en USA están por debajo de los de Europa. Varía de un estado a otro, pero en ningún caso superan los ciento veinte kilómetros hora en autovía. La carreteras con un solo carril en cada sentido están limitadas entre cincuenta y sesenta millas hora, pero no es nada extraño encontrar largos tramos de cuarenta o cuarenta y cinco millas hora. Por supuesto, las carreteras de montaña, al margen de las limitaciones establecidas por la autoridad competente, no permiten grandes velocidades.
A lo que iba: que las distancias son mayores y las velocidades menores… otro día en coche.
Aunque ya estamos acostumbrados, los paisajes siguen siendo espectaculares y si bien es cierto que menos, Bocasecaman, el Demonio Doho y compañía siguen amenizando y ¿por qué no? Entreteniéndonos en nuestro viaje. Se acaba la autovía…
La espectacularidad de todo lo anterior hace que este cañón me haya decepcionado, podrían haberlo llamado “Deception Canyon”. La verdad es que esperaba algo tipo el cañón de Colorado, juzgad por vosotros mismos.


Sí, el sitio era realmente bonito, e hicimos una comida muy agradable allí…


Bueno, vayámonos para Pullman que todavía tenemos un buen tramo.


¿Se puede saber quién ha puesto una vaca en la carretera?




No nos vino nada mal que Ka se despertase aquella mañana con su ataque de responsabilidad…

Besos y abrazos.

En USA, ¡cuán raros son!

¿Recordáis las chinas con paraguas?

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