La llegada a Milán
Como sabéis llegamos al aeropuerto de Granada-Jaén con tiempo suficiente para facturar sin demasiadas colas. Redistribuido el peso por todas las maletas que llevábamos aún tuvimos que pagar 1Kg de más - 15 euritos -. Que digo yo que entre JR, S y yo probablemente no llegábamos a la masa corporal del tipo sentado a la siniestra de JR - para que quede claro, bastante pasado de peso -, y sin embargo, no se nos permite un piiiiiiiiiiiii Kg de más en el equipaje...
Reivindicaciones aparte, S tenía que comer, así que pedimos unos bocadillos en la cafetería del aeropuerto - para JR y para mí - y calentamos un poco el potito. Y mientras ella comía, el resto de pasajeros del vuelo a Milán se fueron poniendo en la cola del embarque. Cuando decidió que no quería más, sólo faltábamos nosotros y nuestros amables amigos MC y A, que curiosamente iban en el mismo vuelo y nos esperaron por si necesitábamos ayuda.
Así que allí estábamos, los últimos de la cola y con una niña de trece meses que deseaba su siesta pero no podía dormirse por cualquiera de los diferentes motivos que ahora mismo se te vienen a la cabeza.
Después de mucho llorar, cuando el avión echó a andar, se quedó KO literalmente. Fue como si le hubieran pegado un puñetazo - yo no fui, es mi hija -. Durmiendo casi todo el camino, S y mi brazo izquierdo - sobre el que caía su cabeza - llegamos a Bérgamo bajo una tormenta inmensa que duró el tiempo que tardamos en salir del avión pasaje y equipaje.
Como entramos los últimos, ya no había sitio en cabina para las maletas de mano, así que las metieron en la bodega. Al aparecer por la cinta parecía que hubiesen atravesado el Mediterráneo a nado... en fin, vámonos a por el coche.
Cuando alquiléis un coche, revisadlo bien y pedid que incluyan en el contrato cualquier desperfecto que pueda tener. Fijaos en si el depósito está completamente lleno y si lo habéis gestionado por internet, tened muy claras las condiciones del contrato, porque los de las empresas de alquiler saben más que los ratones coloraos y no van a dudar un momento en ofrecerte lo mismo tres o cuatro veces, pagando por cada una de ellas, por supuesto.
Y ahora el TomTom - en adelante tonto -. Tiene su miga el asunto, no es que funcione mal, ni bien, ¿Cómo se llamaba la película? "Un cúmulo de catastróficas desdichas". Algunas direcciones no se encuentran en los mapas del tonto. Yo lo sobreestimé y pensé que marcando las coordenadas nos llevaría al lugar... pero con ese nombre qué se puede esperar. Bueno, que tardamos una hora y pico en llegar al hotel. Lo positivo es que S se tomó a bien el tramo en coche y se durmió, y que por fin estaba reunida toda la expedición.
Prometo no volver a enrollarme tanto, salvo si me enrollo.
Besos y abrazos
One
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